La bailaora María del Mar Moreno celebra 25 años de compañía reivindicando sus raíces jerezanas y, desde la autenticidad, se mantiene abierta a las influencias que le rodean. Su trayectoria es un ejemplo de autogestión frente a la precariedad del sector. Habiendo superado crisis económicas y personales con gran entereza y con la suerte de haberse rodeado de buenas personas, maestros referentes y una comunidad artística que ha sabido sostenerla y multiplicar sus alegrías en los momentos más difíciles.
Celebras 25 años con tu compañía y más de 40 en los escenarios. ¿Cómo fueron esos inicios en Jerez para alguien que no venía de una estirpe artística?
Mi trayectoria como profesional suma 42 años, aunque la compañía cumpla ahora un cuarto de siglo. Me crié en un barrio muy humilde y obrero de Jerez, que entonces era casi rural, pegado a La Asunción. Mi familia no era una saga artística, pero sí muy aficionada; «cantiñeaban». En el colegio ya vivía el flamenco de forma natural, pues era compañera de colegio de Fernandito Terremoto hijo, Tomasito y Anita Peña. Jugábamos en el recreo y allí ya se mascaba el arte de manera anárquica y sin escuelas.

Tu formación profesional estuvo marcada por figuras providenciales. ¿Cómo llegaste a manos de Manuel Morao?
Manuel Morao montó una escuela. Yo misma le pedí a mis padres ir allí porque sentía que necesitaba algo «más potente». En aquella época tenías que tener cualidades de verdad para que te tomaran en serio. A las pocas semanas de empezar, Manuel me hizo un examen improvisado y me incorporó al grupo «España-Jerez», donde había artistas como La Macanita. Fui de las últimas en entrar.
¿Qué te impulsó a fundar tu propia compañía en el año 2001?
En Jerez no había mucha tradición de artistas con compañía propia, salvo la de Manuel Morao. También mi pareja artística de siempre, Antonio El Pipa, montó su compañía en el 97 y él fue quien me motivó a dar el salto, diciéndome que yo podía. Así, a los 26 años, debuté con mi propia formación en el Festival de Jerez.
Al comparar tu época con la actualidad, ¿notas que el panorama ha cambiado?
Siento que antes había más facilidades y podían convivir formatos grandes y pequeños. Yo nunca he contado con subvenciones públicas; siempre me he bandeado sola con promotores y productores. Lo que me preocupa ahora es que los jóvenes de hoy, si no dan clases o están en tablaos, no pueden subsistir. En mi generación, el tablao era algo especial, no el único modo de vida. Hoy día, mantener una compañía grande cuesta dinero y a veces es deficitario. Para no ser «rácana» artísticamente y traer a los mejores, me parto el lomo dando masterclass por todo el mundo para poder financiar mis espectáculos.
Vídeo Alberto García. Soleá por Bulería (2025)
Hay un concepto que tiene la pensadora Sarah Ahmed que es el de “pegajosidad”. ¿Te sientes identificada con esa idea de ser el resultado de lo que te rodea?
Me encanta ese concepto porque siento que soy el resultado de una pegajosidad muy bonita. En mi ADN convive una seguiriya de Agujetas con un aria de Maria Callas, la pintura de Frida Kahlo o el rock progresivo de David Gilmour. Me nutro de todo: desde Chavela Vargas hasta el cine de Almodóvar. Me inspira tanto escuchar a José de la Tomasa como ver a Rocío Molina o Israel Galván.
¿Cómo encaja esa apertura mental con tu visión de la «pureza» en el flamenco?
Para mí, lo puro es la autenticidad, como el «pura vida» de Costa Rica; es manifestarse desde la verdad. No creo en etiquetas rígidas de ortodoxia o heterodoxia; quien se queda estática, se muere. Mi fuente es Jerez, donde he aprendido tanto de maestros como de aficionados anónimos, en la calle, en fiestas que me han dado ideas brillantes. Si tienes la mente abierta, todos los días son una fiesta.
@RinaSbaronian
Detrás del éxito de estos 25 años, ¿qué momentos de sombra destacarías?
No todo ha sido maravilloso. He estado muchas veces con una mano delante y otra detrás. En la crisis de 2008 los ayuntamientos no pagaban y tuve que pedir préstamos personales para pagar los sueldos y seguros de mis compañeros. También fue dura la incertidumbre de la pandemia o cuando estuve tres meses sin bailar por una operación. Pero al final, he tenido la suerte de encontrarme con gente muy buena que me han ayudado a aguantar y a seguir con ilusión.





