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22 de July de 2021

PUENTE GENIL EN EL FLAMENCO

PUENTE GENIL EN EL FLAMENCO

Puente Genil ha contribuido al frondoso árbol de los cantes con dos estilos: el zángano flamenco y la saeta cuartelera. La saeta cuartelera es la modalidad de saeta antigua que se conserva en Puente Genil, nacida y conservada en los cuarteles o corporaciones bíblicas. Por Álvaro de la Fuente Espejo.

En pleno centro de Andalucía, en la cálida campiña cordobesa, se encuentra la acogedora localidad de Puente Genil, un pueblo, como reza nada más entrar por su zona norte, de gente abierta. Una localidad de unos treinta mil habitantes, limítrofe con las provincias de Sevilla, Málaga y Granada. Este cruce de caminos que ocupa La Puente – así se conoce en los ámbitos flamencos –  determina claramente su idiosincrasia en numerosos ámbitos. En la arquitectura de sus casas y monumentos, en su habla, en su Semana Santa – extremadamente singular y definida, en la que encontramos elementos cordobeses, sevillanos o malagueños – y, cómo no, en su tradición flamenca. Una tradición de la que se tienen noticias desde primeros del siglo XX con cantaores como José Bedmar El Seco, Antonio Sánchez Niño del Genil o el moronense Diego Bermúdez El Tenazas, este último considerado un pontanés más, que sembraron la semilla de la que germinó todo lo que vino después: una rica lista de cantaores y tocaores, comandada por la actual Llave de Oro del Cante, don Antonio Fernández Díaz Fosforito, una de las figuras más importantes del flamenco. Fosforito no solo reúne un incontestable conocimiento de la amplia gama estilística de cantes y preclaro dominio de sus parámetros musicales (dicción, compás y afinación), sino además una jondísima expresividad, que lo convierten en uno de los cantaores más completos de todos los tiempos. En la actualidad, el flamenco de La Puente está extraordinariamente representado y divulgado por dos figuras: Julián Estrada y David Pino.

En cuando al estilo de cante cultivado en Puente Genil, ¿cuál predomina? ¿el meloso y barroquista o el afillao y austero? Lo decíamos antes: su situación geográfica, como punto de encuentro entre varias provincias, lo determina. En su tradición cantaora encontramos un maremágnum de influencias que van desde el estilo sobrio de Sevilla traído por El Tenazas, a los aires verdialeros de la vecina Málaga, pasando por el estilo senequista y sentencioso de Córdoba capital. De tal forma que el aficionado pontanés está habituado tantos a los cantes de más expresividad jonda y de compás, como a los más finos, efectistas y ad libitum. Fosforito simboliza este extremo como nadie: cantaor capaz de emocionar, con la misma intensidad, a las diferentes tipologías de aficionados con sus bulerías, seguiriyas, tarantos o malagueñas.

También Puente Genil ha contribuido al frondoso árbol de los cantes con dos estilos: el zángano flamenco y la saeta cuartelera. La saeta cuartelera es la modalidad de saeta antigua que se conserva en Puente Genil, nacida y conservada en los cuarteles o corporaciones bíblicas, unas peculiares casas de hermandad en los que los semanasanteros viven la Semana Santa, a través de diferentes y tradicionales rituales, a lo largo de todo el año.  Son saetas muy austeras y sencillas desde el punto de vista melódico, que se cantan de manera dialogada entre sus intérpretes. En cuanto al zángano flamenco, es un fandango abandolao que, parece ser, procede de la reinterpretación o recreación melódica que dos cantaores pontanos concretos – Fosforito y Perico Lavado – hicieron de la versión folclórica bailable que los hortelanos conservaban en las riberas de La Puente, junto al rio Genil.Sin lugar a dudas, el gran acontecimiento flamenco de Puente Genil lo encontramos en la noche de cada 14 de agosto, con la celebración de su Festival de Cante Grande Fosforito.  Un festival – hace dos años conmemoró su cincuenta aniversario – por el que han pasado los más grandes artistas del flamenco de la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del presente: Antonio Mairena, Camarón, Fernanda y Bernarda de Utrera, Beni de Cádiz, La Paquera,  Calixto Sánchez, Fosforito, José Mercé, Carmen Linares, Antonio Reyes,  Marina Heredia, Paco de Lucía, Enrique del Melchor y un larguísimo etcétera han convertido esta cita en una de las más preclaras de todo el panorama nacional de festivales veraniegos. Un festival de formato tradicional, y al que asisten aficionados procedentes de toda la geografía nacional. Junto al festival, debemos destacar el Concurso de Cante Membrillo de Oro – recuperado hace seis años – que cada primavera se celebra con el objetivo de apostar por las jóvenes promesas del cante.

Desde el punto de vista de la flamencología y divulgación del cante, pontanés fue el gran escritor Ricardo Molina, que, a mediados del pasado siglo, en colaboración con el maestro Antonio Mairena, impulsó de una manera decidida la intelectualización de lo jondo, asentando el comienzo de la Flamencología como una disciplina teórica para analizar el cante, el toque y el baile. Ambos construyeron las bases teóricas de todo lo que ha venido después.

Y finalizamos con el asunto del tejido asociativo flamenco de Puente Genil. En la actualidad solo tenemos dos peñas en honor a dos cantaores locales: la Peña Cultural Flamenca Frasquito y la Peña Cultural Flamenca Vicente Cáceres, situada esta última en la aldea de Sotogordo. Sorprendente dato, desde luego, para el que no conozca la idiosincrasia social de La Puente.  Idiosincrasia marcada por los mencionados cuarteles o corporaciones bíblicas – más de setenta con una media de treinta y cinco componentes cada uno -, motores del aspecto cultural, social y vivencial pontano. En varios de ellos, integrados por grandes aficionados, se vive y cultiva con intensidad el flamenco durante todo el año, no necesitando los mismos formar parte de una peña.

En definitiva, Puente Genil es una tierra de cante. Un pueblo de una enorme y fructífera tradición flamenca, que continúa, con sus particularidades, cultivando el cante por derecho ese cante libre de aditamentos cuyo único objetivo es emocionar el corazón del aficionado.  Una ilusionada juventud cada vez más presente, está recogiendo, poco a poco, el testigo.

 

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