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24 de July de 2021

 Al fondo hay sitio (I): los jóvenes flamencos

 Al fondo hay sitio (I): los jóvenes flamencos

Al fondo hay sitio es una forma, aquí en Madrid, de decir en los bares que hay espacio suficiente para todos. En este caso, no es que quede lugar, sino que el sitio ya está hecho y preparado para continuar con un flamenco que viene cargado de razones para quedarse, con la memoria fresca y con proyectos de renovar desde los cimientos una casa edificada con mucho arte. (Parte I) Por Juan José Leonor

No lo tienen fácil, por un lado conservar un patrimonio que viene de lejos, escrito en letras negras e incluso no escritas pero sí tatuadas en la mente de cantaores y cantaoras por la transmisión de padres y abuelos. Por otro, el poder fielmente renovar un arte anclado en unas experiencias que ahora mismo, en la mayoría de los casos suenan ya muy lejanas, y de eso se trata, de poder adaptar la vida actual a un modo de contarlo flamencamente, sin perder ese poderoso embrujo que nos mantiene encendidos cuando se da el flamenco. Eso sí, vive, está entre nosotros y viene con la fuerza y la sangre limpia que necesita un corazón flamenco.

El cante está dando muchos jóvenes que están despuntando con fuerza. Aquí solo tenemos unas páginas para mostrar la punta de un fenómeno que cada año suma nuevos valores.

ISRAEL FERNÁNDEZ

Israel Fernández nace en el seno de una familia gitana asentada en Corral de Almaguer (1992, Toledo), pero de orígenes andaluces. Es allí, en su entorno familiar, donde empieza vivir el flamenco de una manera natural. Su madre y su abuela son las que prenden la llama de su interés profundo hacia el flamenco. Pronto se  aprecia que tiene cualidades y comienza una andadura que le lleva a estar presente en esos concursos de televisión en donde se les da a los niños el título de prodigios. Ya con 18 años grava su primer disco y a partir de entonces es cuando se va germinando en él una forma personal de dar su cante, pasando de ser una promesa a tener la certeza de poseer su verdad en el cante y dejar su niñez flamenca en un grato recuerdo

En Israel se encierran dos mundos, el antiguo y el contemporáneo, que hacen de su cante una evolución natural del flamenco. Su siempre admirado Camarón es una referencia en la que pone toda su atención y le llevó a seguir una estela que toda una generación vio brillar. Tampoco ha dejado de escuchar a todos los que depositaron una herencia flamenca que todavía sigue siendo una fuente de conocimiento.   Su voz está dotada de un espectro muy amplio, donde el desgarro, el pellizco y lo gitano se aúnan. De ahí que su cante suene añejo, como el de los cantaores gitanos de la primera mitad del siglo XX. Con estas premisas, el joven cantaor toledano está llamado a ser una de las grandes figuras del flamenco actual.

“MARIA TERREMOTO”. Foto@zocoflamenco

 

María Fernández Benítez (Jerez, 1999), conocida artísticamente en el mundo Flamenco como “María Terremoto”, es descendiente de la saga familiar “Terremoto” de Jerez de la Frontera, estirpe de grandes maestros. Nieta del genio del cante Fernando Fernández Monge “Terremoto de Jerez” e hija del cantaor Fernando Fernández Pantoja “Fernando Terremoto”. Considerada una de las promesas más claras del cante flamenco del momento, con unas facultades asombrosas en continua mejoría. Desde niña escuchaba en su casa los ecos de los más importantes artistas jerezanos de todas las épocas que pasaban las noches en vela compartiendo vivencias con su padre Fernando. A mediados de 2014 comienza a realizar apariciones esporádicas en las peñas jerezanas, dejando en todas ellas un gran sabor de boca entre los aficionados. En 2015 es reclamada por el joven bailaor El Carpeta, de la familia de los Farrucos, para acompañarlo en sus espectáculos, en los que ya comienza a destacar como figura solista dentro del grupo de cantaores. Su gran oportunidad fue en el prestigioso Festival de Jerez, donde María realizó un recital que generó unas críticas en prensa sin precedentes para una artista de su edad. Dicha actuación supone el pistoletazo de salida a una temporada en la que es reclamada por multitud de peñas y grandes festivales

SAMUEL SERRANO. Foto: Isa de la Calle

Samuel Serrano (Chipiona, Cádiz, en  1994) es la gran esperanza de la cantera flamenca chipionera. Un joven valor del cante gitano, de la estirpe de Los Agujetas, evoca con su cante

de voz negra, cruda y racial a metales como los del Tío Juan Talega,  desprendiendo aromas a los cantes de Chocolate, Terremoto o Antonio Mairena. Su afición al flamenco le viene desde muy temprana edad, ya desde pequeño entonaba los cantes que oía a su padre pero es de la mano de su primo Manuel Flores “Macarrón” cuando poco a poco empieza a forjarse el cantaor que lleva dentro

Samuel Serrano invoca en su sonido la tragedia de los cantes de Jerez. Tiene la voz de un cantaor de cincuenta, la frase que más repiten los que lo han escuchado es que suena como los viejos  y es que Samuel cuenta con una voz afillá, gitana hasta lastimar que se faja con los cantes por seguiriya y soleares,  por fandangos y bulerías, como el mejor maestro.

CELIA ROMERO. Foto Diego Gallardo

Cantaora de flamenco, nacida en Herrera del Duque, Badajoz, en 1995, que a pesar de su corta edad ha pasado por algunos de los más importantes escenarios del Mundo. Empezó su carrera artística a los 7 años, de manos de su padre, el guitarrista Félix de Herrera.

En el año 2007 fue becada por la Diputación de Badajoz con el fin de poder realizar un aprendizaje en la Fundación de Arte Flamenco Cristina Heeren de Sevilla, a la cual ha asistido varios años después. En 2010 recibió clases de las cantaoras Esperanza Fernández, Mariana cornejo y Macarena de Jerez.

En Agosto de 2011, a sus 16 años de edad, Celia Romero se proclama Ganadora de la Lámpara Minera, máximo galardón del Festival de Cante de Las Minas, en La Unión (Murcia), y que podría ser considerado como el concurso más prestigioso e importante del flamenco en el mundo. Además de la Lámpara Minera, conseguida gracias al premio por el cante de la Minera, también consiguió el premio por Tarantas. Con esto, Celia es la 2ª extremeña con este título y la 6ª mujer que lo consigue en todo el mundo, además de la más joven en los 52 años de vida del festival.

KIKI MORENTE

José Enrique Morente Carbonell (Granada, 1989) tras años madurando su propio cante, buscando su propio camino en el circuito, sin prisas y siguiendo las directrices que le dictó su padre Enrique cuando comenzó a dar sus primeros pasos, aquel José Enrique Morente es hoy Kiki Morente, el (de momento) último eslabón de una de las sagas más históricas y superdotadas del cante flamenco.

Kiki Morente sigue los pasos de su padre no sólo al hacer del cante su instrumento sino por actualizar el género sin renunciar al flamenco puro. Hermano de Estrella y Soleá Morente e hijo de la bailaora Aurora Carbonell “La Pelota”, es imposible no hacer referencia a su familia al hablar de sus credenciales como cantaor.

Sin embargo, el más joven de los Morente imprime su propia personalidad en sus interpretaciones y se ha forjado una carrera que avanza poco a poco, pasando por un buen número de escenarios acompañando a su hermana o colaborando con artistas tan diferentes como Tomatito “Hijo” o Juan Habichuela nieto. Acaba de publicar Albayzin (Universal, 2017), un álbum producido  por su hermana Estrella y Juan Carmona ‘El Camborio’ y en el que profundiza en el cante más ortodoxo.

BERNARDO MIRANDA. Foto facilitada por SOLANA

A Bernardo Miranda (1998, Fernán Núñez, Córdoba), el cante le viene por transmisión familiar. Con tan solo ocho años empieza a cantar, con doce años se sube a los escenarios. Ya con dieciocho años es cuando decide dedicar más tiempo al cante, convirtiéndose en su profesión. Pertenece a una de las peñas flamencas de más solera de la campiña cordobesa, la Peña Flamenca “El Mirabrás”, en su pueblo natal. Aquí empezó a entender el flamenco más profundamente escuchando a los grandes maestros junto a los artistas y aficionados que allí se daban cita. Es titulado como Técnico de Enseñanzas Profesionales de Música en la especialidad de Cante Flamenco. Ha trabajado en tablaos de renombre, como Los Gallos y Casa la Memoria, en Sevilla. En la actualidad trabaja con artistas y pertenece a compañías de reconocido prestigio como la compañía del guitarrista cordobés Paco Peña o Las Minas Flamenco Tour. Ha actuado en teatros por toda la geografía, como el Teatro Real de Madrid, Teatro Maestranza de Sevilla, Teatro Falla de Cádiz, Teatro Cervantes de Málaga, etc. Ha cantado dentro de programaciones importantes como La Bienal de Sevilla, Flamenco Viene del Sur, Circuito Ocho Provincias… y en espectáculos como Divino Tesoro dirigido por José Luis Ortiz Nuevo.

LELA SOTO. Foto @zocoflamenco

Lela Soto “Sordera”, nacida en 1992, en Madrid, es la heredera más joven del legado de la dinastía flamenca de Los Sordera. Su padre, Vicente Soto “Sordera”, y su madre, Luisa Heredia, bailaora, le han transmitido desde pequeña la esencia y el amor por el flamenco, siendo sobrina, además, de artistas de la talla de José Mercé, José Soto “Sorderita” o Enrique Soto, por parte de su padre, y de Ray Heredia o Enrique de Melchor, por parte de su madre. Siente el flamenco, como no podía ser de otra manera, entre esencias, pero lo respira con la emoción moderna de la joven figura que es. Así, desde hace unos años, ha sido solicitada por artistas españoles como Alejandro Sanz, Niña Pastori, Diego del Morao o Jesús Méndez y en varios espectáculos y grabaciones de su padre, Vicente Soto “Sordera”.

El cante de Lela Soto lleva la tradición flamenca inyectada en la sangre, aportando al género su dimensión artística y contemporánea de la vida, pues también es una joven de su tiempo, a la que por supuesto no le es indiferente lo que sucede a su alrededor. Sin duda, una voz que nos anticipa el flamenco del mañana, pero que afortunadamente disfrutamos hoy.

Esto es solo una pincelada de todo lo bueno que empieza a verse en el panorama del cante flamenco joven actual. Hay unas decenas de jóvenes más que lo están dando todo y que están empezando a girar por los teatros y festivales de toda España. El flamenco está vivo y  el relevo que viene es gloria bendita para los oídos.

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