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Cuidando el flamenco

El reportaje principal del número de octubre-noviembre de Zoco Flamenco, dedicado a Cuidando el flamenco, explora las distintas formas de atender, sostener y hacer crecer este arte. Desde la comunidad y la transmisión hasta la investigación, la programación cultural, las peñas y los medios de comunicación. Una reflexión sobre las personas y los espacios que mantienen vivo el flamenco y la importancia de seguir creando lugares de encuentro, escucha y celebración.

¿Cómo cuidar/se cuida a la comunidad flamenca? ¿Cómo generar lugares donde se piense en lo flamenco, en sus realidades y sus derivas? ¿Cómo agitar, inquietar, ocuparse y preocuparse de este mundo artístico tan amplio? ¿Es posible que el flamenco nos ayude a sobrevivir?

El flamenco, como arte vivo, con su memoria y su expansión, ofrece líneas de fuga, posible resistencia ante las fatiguitas de la vida

 

Cuidar: ‘vigilar, proteger; poner diligencia o esmero’: cuidar, coidar ‘pensar’, del latin cogitare ‘considerar cabalmente, pensar, meditar, reflexionar, proponerse, tener la intención de’, de co- ‘cabalmente’ + agitare ‘conducir, agitar, inquietarse, ocuparse mentalmente de, considerar’ (véanse agitar, ‘agente).

 

Poner el pensamiento en alguien o algo. Cogito ergo sum. Pienso luego existo, como diría aquel francés. Cuidamos, luego existimos. El síntoma primero de lo civilizado, el estar pendiente del otro. El fémur roto y curado que la antropóloga Margarita Mead señaló como el primer símbolo de civilización, de atención dedicada, de pensar en el otro para así garantizar el bienestar común y por lo tanto el tuyo mismo.

 

Cuidar del arte, cuidar la reunión, cuidar la escucha y compartir conviene que sea una responsabilidad que todo amante (del flamenco) debe tener presente.

 

Cuando a Pepe Lamarca le preguntaban en qué puso atención cuando llegó al mundo del flamenco, dijo que gracias al apunte de Velázquez-Gaztelu, fue la familia gitana, el peso que para los artistas flamencos tenía la familia. El clan, el grupo, la comunidad como centro de la vida, como centro del bienestar, como forma de reconocer la igualdad y la diferencia entre unos y otros. De ahí que sus fotografías estén tan atravesadas por la reunión, el estar juntos, desde un lugar discreto y respetuoso.

 

Cuidar es también formar parte, pertenecer. Pepe Lamarca, el fotógrafo argentino, consiguió por su forma de ser y por su manera de fotografiar pertenecer al mundo flamenco, y como ha dicho en más de una ocasión «el mayor honor para un fotógrafo es que cuelguen una de tus fotografías en el salón de una casa», generando así esa relación entre fotografía, familia, artista y hogar, una forma de comunión flamenca y cercana.

 

Pepe Lamarca. 2002

 

Y es que la vida flamenca se construye así, a ritmo de intercambio, de mirarse, de acompañarse. Diríamos incluso que el estilo musical del flamenco, proveniente de las formas de vidas flamencas, mantiene su equilibrio y su potencia gracias a esas conjunciones entre unxs y otrxs. La plaza, el patio, la esquina, el zaguán, la terraza, el bar, el salón, el camino. La reunión, la fiesta, la celebración, el culto, la comida, la cena, el entierro, el llanto, la risa compartida, elementos combinados por la sal del otrx, de la unión, la apertura de un otrx que escucha, asiente y jalea, o sea anima, incita, estimula.

 

Ese colega que está contigo antes y después de subir al escenario; esa pareja que acompaña, sostiene, cuida y alimenta de los espíritus sensibles; esa manager que busca y sigue; esa madre que te ofrece un plato de comida a la vuelta de la jornada; el estar cerca, crear complicidad con poco. Todo ello es flamenco, todo ello constituye el flamenco, lo flamenco, porque lo vuelve posible, lo cuida y lo repara.

 

Ni hablando ni platicando

mis penas consuelo sienten

nada más que me estés mirando

         Suena en la voz de Camarón   en el álbum Nuestro (1978)

 

El agua me dijo un día:

a qué vienes a mi orilla

si cuando vienes me paro,

       para escuchá tus cosillas

Letra 141. Primer cancionero flamenco (1881)  Manuel Balmaseda y González

 

Escuchar como forma de transmisión

Hace poco le preguntaba a José Manuel Gamboa, investigador incansable y flamenco (toca la guitarra muy bien y a veces canta alguna letrita), que qué es lo que más disfruta del flamenco, si tocar la guitarra, escribir, cantar… Y desde su profunda alma y humildad me respondió que lo que más le gusta es escuchar. Esta declaración habla muy bien no solo de la persona que lo dice sino de cómo está construido este arte. Cómo la frontera entre lo que se dice y lo que se hace va en armonía, cómo la relación, como hemos hablado en ocasiones anteriores, entre el aficionado y el artista está tan ligada. Nadie puede negar la inmensa importancia que tiene en la historia reciente del flamenco José Manuel Gamboa: con sus enciclopédicos libros como son Una historia del flamenco (2005), o su colosal ¡En er mundo! De cómo Nueva York le mangó a París la idea moderna de flamenco  (del 2016 el primero tomo y 2019 el cuarto); y por su contacto cercano con artistas como Morente, Mairena o su íntimo amigo Pepe Habichuela. Esta cualidad que tiene el flamenco es lo que lo convierte en un arte de cercanía, de transmisión por contacto, de escucha y desde ahí el cuidado se da solo, ocurre de forma espontánea y se mantiene por puro goce humano.  

Pensar el flamenco para conocerlo mejor

En la línea de personalidades que han aportado y cuidado a la historia del flamenco, se encuentra José Luis Ortiz Nuevo, años mayor que Gamboa pero pertenecientes a esa generación de muchachos incansables que llegan a Madrid en los 70-80 con ganas de flamenco y con ganas de pensar alrededor de ello. Ortiz Nuevo, ya en su juventud rescata esa obra fundamental que es el Primer cancionero flamenco del “obrero y poeta” Manuel Balmaseda y González de 1881, reeditada por Zero en 1973 y prologada por el mismo Ortiz Nuevo. Cabe destacar su fundamental Alegato contra la pureza (1996) en el que disiente de ese mairenismo mitificador y cerrado, para ofrecer un flamenco más posible, más joven y juguetón; o sus acercamientos a pensar sobre el carácter negro del tango en su libro La rabia del placer: el origen cubano del tango y su desembarco en España, 1823-1923 (1999), escrito junto a otro grande de la divulgación y de la musicología flamenca como es Faustino Nuñez; y sus biografías coloquiales y de grandísimo peso, no solo historiográfico sino humano, aquellas historias de otros, aquella historia con minúscula que tanta importancia tiene y ha tenido en esto del flamenco, con sus: Pepe el de la Matrona: recuerdos de un cantaor sevillano (1975) o Yo Tenía Mu Güena Estrella sobre Tía Anica la Piriñaca (1987).  

Cristina Cruces Roldán, desde la academia ha sabido conjugar la labor docente con la investigación. Abordando desde una mirada feminista y antropológica la cuestión de la mujer en el flamenco. Enseñándonos a ver e interiorizar formas diferentes de leer las propuestas, a los artistas y sus vidas. Con el flamenco, como objeto de estudio de su investigación, ocupa un lugar importante para esclarecer sobre las mitificaciones, los lugares comunes y la historia de un arte del que cada vez conocemos más gracias a personalidades como estas. Coetánea de una importante de la investigación, la producción de películas y la crítica flamenca como es Lola Pantoja o su seudónimo como periodista para El Correo de Andalucía: Dolores Guerrero. Destacamos también a una de las mayores investigadoras del pueblo gitano desde la visión antropológica, Teresa San Román. Estas autoras nos han ayudado a entender las formas de vida flamencas, gitanas, al estar cerca de ellas; y a cómo se construye el relato de lo popular y de lo artístico desde la marginalidad, y de su posterior mistificación y estetización desde perspectivas burguesas y acomodadas.  

Quienes hacen posible que el flamenco suceda

Cabe destacar también la importancia de los empresarixs, programadores, productores y directores de festivales y bienales. El riesgo de producir encuentros y oportunidades de ver flamenco aunque luego no se vea recompensado económicamente, algo a agradecer. Uno de ellos, casi diríamos que de los primeros fue Silverio Franconetti, que como ya saben fue uno de los precursores del modelo de Café Cantante, muy criticado en sus inicios, por el mismísimo Álvarez y Machado, a.k.a. “Demófilo”, al entender que era una mancillación del cante jondo, llevarlo al bar, al café, al vulgo. Hoy día, uno de esos programadores y directores artísticos que llevan años arriesgando y apostando por un flamenco accesible, sin olvidar a los artistas y teniendo presente a los públicos, es Antonio Benamargo. El malagueño lleva desde 1987, año en el que programó su primer cartel en el centro Alberto Sánchez de Vallecas, procurando buenos ratos de cante, guitarra y baile. El éxito le llevó a prontamente entrar en contacto con Casa Patas, conociendo a gente influyente del arte que le auparon para programar lo que luego serían los grandes años de la mítica Casa Patas, con: Agujetas, Chocolate, Chano Lobato, Morente… conviviendo en el espacio con otros gigantes de la cultura como Almodovar o Antonio Saura… Siempre preocupado con la divulgación, el acercamiento entre público y artista, y una atención dedicada a los artistas del flamenco, siendo muy amado y respetado por ellos. En muchas ocasiones ha denunciado la falta de un tejido social y cultural flamenco consistente, ya sea desde lo público o desde la propia autogestión ciudadana. Hoy día dirige la Suma Flamenca, en Madrid, y la Gira Flamenca del Norte, flamenco entre Logroño, Vitoria, Palencia o Santander. Gestiones que siguen siendo un éxito para artistas y público.  

Las peñas, lugares de encuentro y escucha

En esto de la autogestión flamenca, apoyada con dinero público o privado, se encuentran las Peñas Flamencas. Aquellos lugares donde el diálogo, la escucha y la manifestación flamenca encuentran un escenario idóneo. Radicadas de forma mayoritaria en Andalucía, donde se encuentran 329 peñas federadas. Este año, la Junta de Andalucía ha lanzado un plan por convocatorias para que los artistas opten a actuar en estas peñas. De ahí han salido un total de 225 recitales, donde más de 400 artistas están ofreciendo sus dotes flamencas por toda la comunidad. Las citas serán hasta final de noviembre de este año y habrá desde recitales clásicos, hasta homenajes por provincias: Al Lebrijano (Sevilla), a Pepe Habichuela (Almería), Luis Soler (Málaga), Antonio González del Moral (Córdoba), Antonio Campos Muñóz (Granada) y María Vargas Fernández (Cádiz).  

Contar el flamenco, ayer y hoy

En el día a día, cuando van pasando pequeñas cosas, cuando los artistas están preparándose, están ensayando, están estrenando, están diciendo o no diciendo, los encargados de observar, difundir, mostrar, entender y comunicar somos los periodistas y los medios de comunicación. Deflamenco, Guia Flama, Expoflamenco, Revista La Flamenca son algunas de las revistas más relevantes del panorama actual. O las memorables, algunas extintas, de formato impreso: El Candil, El Olivo, La Caña, El Canon o Alma 100. U otrxs como la revista asociada al festival de Lo Ferro, Revista Melón, los podcasts Hechizo del Sur de Radio Relativa o El café de Silverio, donde desde lo autogestionado y la ilusión por contar mueven a estas personas a seguir pensando, reflexionando y disfrutando alrededor del flamenco. Medios que intentan e intentamos estar al día de lo que ocurre, pero siempre con un ojo puesto en lo que se hizo, y en cómo convive y dialoga lo de ayer con lo de hoy. Desde aquí agradecemos su labor y abogamos por seguir apostando por la generación de espacios para el diálogo, la difusión y el cuidado del flamenco, pese a ser un sector sumido en la precariedad y la inestabilidad. Ánimo colegas.

 

primer número de la revista El Candil 1978

 

Muchas veces cuando pensamos en cuidar, pensamos en términos catastrofistas, de que eso o ese que necesita cuidado es porque está en peligro o porque está débil, y nada más lejos de la realidad. Que el flamenco necesite cuidado hace ver, más que un fatalismo, una forma de atender aquello que queremos y que valoramos como importante tanto para nuestra vida como para el bien común. El arte, y el flamenco en concreto, necesita cuidados, necesita que pensemos en ello, que desarrollemos lugares y reuniones, que estemos cerca de lxs artistas y de sus intereses, que apostemos por divertirnos y por estimularnos, y más en estos tiempos de pragmatismos e inteligencias no humanas. El flamenco nos ayuda a valorar la vida, a expandirnos, a valorar la comunidad, a querer, querernos y quererse. Enriquecernos de cuidados, la propia satisfacción de cuidar y sostener aquello que queremos y que aunque algunos digan que está muriendo, o que está en su peor momento, goza de buena salud y de muchas personas y organismos que estamos dispuestos a cuidarlo.

  Reportaje de Manuel Cid Fernandez. Originalmente publicado en la revista Zoco Flamenco nº 70 «Cuidando el flamenco» Oct- Nov

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