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Farru, estrena Natural, la doma de lo innombrable

La Sala Compañía en pie, conmocionada, no pudo dejar de aplaudir el intenso y flamenquísimo espectáculo “Natural”, que el bailaor de raza, Farru, llevó anoche al Festival de Jerez. Texto María Arjonilla. Fotos Esteban Albion.

Farru en el escenario se transforma, vive la tensión como un dominio de la fuerza, de lo innombrable, de la que parte ese hilo invisible del que tira con mano de hierro y seda hasta doblegarla y dejarla vacilante y estática, en el punto justo, en el centro que desencadena una catarsis que en ondas intensas se expande al espectador. En su dominio hay templanza, sensibilidad y maestría. Farru hace retroceder el tiempo y domina el espacio para dejar atrapada a esa fuerza telúrica primera en la que la lucha consiste en amarrar y soltar, en soltar y amarrar.

Antonio Fernández Montoya, Farru, no puede ocultar su procedencia. Su estampa, genio e impronta pertenecen a la saga de los Farruco. Su abuelo Farruco está presente en su baile y noble dinastía. Y con el estreno de “Natural” muestra esta vuelta a los orígenes, de manera sencilla y monumental, como es el arte sin abalorios, hilando el compás sin tiempos muertos, y con una belleza, intensidad y jondura que acaparan la sensibilidad del espectador en un viaje a las raíces del flamenco.

El espectáculo de una hora fue una delicia que desde el primer momento cautivó la audiencia. Su farruca, templada y con brío, cargada de dominio y majestad, mostró esa estampa elegante y volcánica heredada y ancestral. La soleá fue una doma del espacio, como un embrujo anclado en tierra y del que hizo participe al espectador. En la alegría, una aparente facilidad de movimiento daba lugar a la tensión contenida del baile sabio.

Farru, junto a un extraordinario José Gálvez, a la guitarra; Ezequiel Montoya, al cante; Lolo Fernández, a la percusión y el cante verdadero del artista invitado, Rafael de Utrera, abrió un lugar donde lo natural, lo improvisado y lo profundo alcanzó al público sin concesiones.

“Natural” es un homenaje al baile ancestral de los maestros del flamenco, de los que Antonio Farru se hace eco con soltura y dominio, porque como desveló en la despedida “para mí, como aficionado, es muy importante y necesario estudiar todos los días para poder compartir que no competir, para poder mostrar que no demostrar el alcance de este arte que es el flamenco”.

Sipnosis:

Natural es un regreso a la verdad primera del flamenco. Un escenario sin disfraces, donde cada gesto, cada silencio y cada momento se entregan con la misma confianza —y la misma improvisación— que una conversación entre viejos amigos. A veces se prepara; otras, surge de forma casual, inesperada, como un destello que no se puede repetir. Aparecen risas, preguntas, desacuerdos. Así nace el flamenco: vida que se comparte en el instante.

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