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La Escuela Sevillana: El legado de Matilde Coral y su difusión hoy día

La Escuela Sevillana: El legado de Matilde Coral y su difusión hoy día

Mucho se ha escrito sobre Matilde Coral, su vida artística y sus numerosos y merecidos premios. Todo un camino recorrido por y para conservar y difundir la Escuela Sevillana de Baile. Sin embargo, hay algo que no debemos dejar atrás y que ha sido fundamental para esta empresa: la docencia. Por Alicia García González. Foto facilitada por la Escuela

 

Matilde Corrales González, “Matilde Coral”, nace en la Plaza de Chapina, en Triana, en el año 1935. Comenzó cantando con Adelita Domingo y más tarde dio sus primeros pasos como bailarina y bailaora con Eloisa Albéniz. Su desarrollo profesional es espectacular y por todos conocido. Su admiración por Pastora Imperio le lleva a emprender un camino como baluarte de la Escuela Sevillana alcanzando el éxito absoluto y el reconocimiento con premios tan importantes como el Compás del Cante, el Premio Demófilo o la Medalla de Oro de Andalucía entre muchos otros. Sin embargo, a la única Llave de Oro del Baile Flamenco siempre le gustó mucho la docencia y, aunque continúa bailando en escenarios, al volver de una gira por América en el año 1965 y tras tener a su segunda hija, decide abrir su primera academia en 1967.

Situado en la calle Fray Isidoro de Sevilla, el estudio contaba con un pequeño salón de 50 metros cuadrados, una entradita y un pequeño vestuario. Allí impartía clases privadas a jóvenes bailaoras profesionales como Milagros Mengíbar, Loli Flores, Pepa Montes, Merche Esmeralda o Manuela Carrasco, entre otras. La docencia comienza como algo natural. Montaba coreografías de su propia cosecha y preparaba al alumnado para los concursos. Funda una pequeña compañía para Festivales de España cuyo espectáculo fue muy nombrado por su belleza y además novedoso, ya que se bailaban palos no muy frecuentes, como la jabera, e iban acompañados de Lole y Manuel que cantaban unas bulerías como fin de fiesta. Fue galardonado con La Itálica de Oro al mejor espectáculo de los Festivales de España de 1975.

Más adelante decidió ampliar público y por las tardes recibía a señoras de la alta sociedad sevillana que estaban interesadas en el flamenco. Los niños llegaron después. La primera niña a la que preparó fue María Pagés, seguida de Currillo e Isabel Bayón. Todos ellos artistas de enorme talla hoy día.

Con estos grupos infantiles empezó a interesarse por la carrera de Danza Española. Ella quería algo más que una escuela solo de flamenco. Así decidió titularse en la Escuela de Arte Dramático y Danza de Córdoba y le dio un giro a su escuela: “lo que yo he hecho quiero que lo hagan mis alumnos”, decía. A partir de entonces preparaba a sus alumnos para presentarse en el conservatorio de Córdoba ya que el de Sevilla todavía no existía.

Matilde continúa actuando acompañada de su marido Rafael “El Negro” hasta que en 1981 decide abrir una nueva escuela en Triana y se dedica plenamente a la docencia, actuando esporádicamente en galas y festivales hasta 1992, año en el que se despide de los escenarios. Su escuela será la primera en ser reconocida y homologada por la Junta de Andalucía para impartir estudios superiores de Danza. Se codifica una dinámica de clase, una forma de enseñar y una trayectoria que más tarde, en el 2008, le supondrá el Premio Nacional a la Docencia, otorgado por la Cátedra de Flamencología de Jerez.

A día de hoy, con Matilde ya retirada, la escuela continúa su lucha en manos de su hija, Rocío Coral, que lo hace con el mismo amor y tesón que lo hacía su madre. Su afán sigue y seguirá siendo la preservación, conservación y difusión de la Escuela Sevillana de Baile, y también, por qué no, su evolución. Su propuesta es una especialización denominada “Estudios Flamencos” que nace de sus vivencias, basándose en un estilo propio y una estética concreta, tomando siempre la figura de Matilde Coral como estandarte y emblema. Tanto de forma teórica como práctica pretende que el alumno se centre solo y exclusivamente en el flamenco, adquiriendo una cultura amplia y profunda de este arte y llegando a ser testigo vivo y perdurable de un merecido homenaje a la Maestra de Maestros y su esfuerzo por conservar un estilo netamente sevillano y andaluz. En el proyecto participan varias escuelas acreditadas para impartir estos estudios, todas ellas regentadas por antiguos alumnos de Matilde, Rocío, o afines al estilo. Se reparten por toda la provincia: desde Écija, Utrera o Morón hasta Coria del Río, Mairena del Alcor o Gines entre muchas otras. Todas ellas, guiadas por la sede principal, trabajan a diario con nuevas generaciones de bailaores y bailaoras que el día de mañana aportarán su granito de arena haciendo que este estilo perdure en el tiempo.

La Escuela Sevillana de Baile fue declarada Bien de Interés Cultural en el año 2012. Un estilo, una forma de respirar flamenco que sigue muy viva gracias a Matilde Coral y toda su estirpe, a sus alumnos y los alumnos de sus alumnos. Y para que así conste, ha quedado codificada y fijada en varios documentos, como por el ejemplo el “código de la Escuela Sevillana de Flamenco” redactado por Matilde Coral y Manuel Barrios; o el libro “Tratado de la bata de cola: una vida de arte y magisterio”. Pero esa es otra historia…