31 de marzo de 2020

‘Nuestro flamenco’ cumple 35 años de emisión de la mano de Velázquez-Gaztelu

‘Nuestro flamenco’ cumple 35 años de emisión de la mano de Velázquez-Gaztelu

El programa más veterano de las ondas, ‘Nuestro flamenco’, cumple 35 años de emisión. Su director y presentador, José María Velázquez-Gaztelu, responsable también de la serie de TVE  ‘Rito y Geografía del Cante y del Baile, recibe un homenaje a su trayectoria como divulgador del flamenco, que ha organizado el Círculo Flamenco de Madrid este jueves 13 de febrero.

Por el programa han pasado todas las grandes figuras del flamenco actual: Paco de Lucía, José Menese, Enrique Morente, Chaquetón, José Mercé, y Carmen Linares, entre otros muchos. En su archivo han quedado registradas las voces de los grandes maestros ya desaparecidos.

Entrevista a José María Velázquez-Gaztelu: “El flamenco se valora poco en España” (Zoco Flamenco, diciembre 2016)

Varias generaciones de aficionados hemos podido disfrutar de algunos de los momentos más extraordinarios del encuentro con el flamenco “en familia”, gracias a la serie televisiva “Rito y Geografía del Cante”, un documento histórico enorme, fechado entre 1971 y 1973. Esta joya cinematográfica, antropológica y del cante flamenco retrató con un gusto estético admirable el vivir de una época que ya ha pasado y que sin embargo ahí ha quedado inscrita en la Historia del Flamenco para los siglos de los siglos. Por Rosa Pérez Riesco

Uno de los artífices de esta saga documental es José María Velázquez-Gaztelu, un comunicador del flamenco en toda la extensión de la palabra, que lleva más de 45 años difundiendo una de las artes más estremecedoras y misteriosas que ha dado España al mundo.

Su trabajo divulgativo público comenzó en TVE con este monumental proyecto del que se grabaron 100 programas, más 13 de la serie “Rito y Geografía del Baile”. Desde hace 32 años dirige, escribe y presenta uno de los programas de radio más veteranos y emblemáticos del arte que nos ocupa, “Nuestro Flamenco” (RNE-Clásica), y es responsable de las páginas de flamenco del semanario El Cultural. Desde que recuerda escribe, sobre todo poemas, pero también ensayos, artículos, reportajes, guiones radiofónicos, conferencias y un sinnúmero de expresiones dedicadas, en muchas ocasiones, al flamenco. Su último libro, “Viajes de la eternidad”, ha sido galardonado con el Premio de Poesía Fray Luis de León

 

– ¿Cuál es su experiencia personal con el flamenco?, ¿de dónde le viene la afición?

 

Mi experiencia con el flamenco comenzó a los tres años. Nuestra casa en Arcos de la Frontera, Cádiz, lindaba con el patio de la cárcel, y allí, los presos, con una machacona insistencia, cantaban saetas todos los días del año. Resulta que existía la costumbre, un tanto cruel, de que en la noche del Viernes Santo los bajaban a un recinto enrejado que daba a la calle y, aferrados a los barrotes, cantaban uno por uno sus saetas ante el paso del Nazareno. A quien mejor lo hiciese, lo indultaban. Aquello, realmente, era un grito desesperado de libertad y esos sonidos, y los misterios que para mí encerraban, se me quedaron grabados para siempre.

Frente a casa también había un tabanco donde acudían los jornaleros, esos hombres de campo de trabajo eventual, que hacían la vendimia, la recolecta de aceituna, la siega, lo que hubiera. Cuando los sábados regresaban al pueblo, iban al tabanco y se pasaban la noche cantando. Desde mi habitación los oía y me quedaba dormido oyendo sus fandangos, que con el tiempo he denominado “fandangos de mostrador”, ya que ante la ausencia de guitarra, se acompañaban haciendo compás con los nudillos sobre la madera del mostrador

Estas dos circunstancias tan especiales, tan cercanas, me marcaron de niño, produciéndome una honda impresión, una verdadera conmoción teniendo en cuenta mi edad, y desde entonces me he dedicado a intentar desvelar los enigmas que encerraba esa forma de manifestar la música.

Y ya, de adolescente, iba a ver las compañías que presentaban sus espectáculos flamencos en Arcos, y comencé a conocer a las familias de los Parrilla, con Tío Parrilla a la cabeza, uno de mis primeros maestros, la de los Morao o la de los Peña de Lebrija, con María la Perrata. Más tarde establecí una buena amistad con Antonio Mairena, con Luis Caballero y con la casa de los Sordera o la de los Bacán. Entonces tuve la suerte de vivir el flamenco en la intimidad de esas casas, unas fiestas que eran verdaderos rituales, con un flamenco doméstico, donde no existía el público y se generaba una particular relación entre los participantes. No era el flamenco de escenario sino el flamenco en su manifestación más esencial.

Y así, fui descubriendo muchas cosas que me enriquecieron, que me abrieron las puertas para un conocimiento, digamos no científico, sino vivido y próximo. Por ello, mi agradecimiento a esa música y a esa forma de entender la vida es profundo. La música flamenca me ha enriquecido espiritualmente, y, a través de ella, he aprendido mucho de la existencia y del arte.

 

– Y la vertiente de poeta, encaja muy bien en todo esto…

 

Sí, la otra parte importantísima en mi vida es la poesía. Mi primer poema lo publiqué con quince años, y con dieciocho o diecinueve ya dirigía en Arcos una revistita de poesía en la que colaboraban Fernando Quiñones, Manuel Ríos Ruiz, los hermanos Murciano, Julio Mariscal, Antonio Burgos o Antonio Hernández, con el que compartía sueños e ilusiones poéticas. Desde entonces no he dejado de hacer poesía. Las dos experiencias, flamenco y poesía, han ido siempre de la mano.

 

– Profesionalmente ¿cuándo comienza su acercamiento al flamenco?

 

En 1964 José Manuel Caballero Bonald inició unas grabaciones con el sello Vergara, que después fue Ariola, para un proyecto, magnífico, que se llamó “Archivo del Cante Flamenco”. Lo novedoso de dicho proyecto fue que los registros se llevaban a cabo en las casas de vecinos, en los patios, en las tabernas, en escenarios naturales y en los ambientes donde los artistas se expresaban de forma distinta a como lo hacían ante el público o dentro de un estudio de grabación. José Manuel me pidió que lo acompañara y me uniera a su equipo en algunos de esos viajes, recorriendo pueblos, barrios y grabando en vivo, por ejemplo, a Perrate de Utrera, Juan Talega, Eduardo de la Malena, Tomás Torre, Luis Caballero, Antonio de Sanlúcar, Amós Rodríguez Rey o Manolo Zapata.

 

– Este fue un buen comienzo, y después ¿cómo surge el proyecto de “Rito y Geografía del Cante”?

 

Entré en TVE como ayudante de dirección del gran fotógrafo y documentalista cinematográfico Ramón Masats para sus series documentales. Estuve varios años con él. En TVE conocí después a Mario Gómez y Pedro Turbica. Mi aprendizaje en las grabaciones del “Archivo” con Caballero Bonald hizo que nos planteáramos una extensión de aquello pero en imagen, con más envergadura en cuanto a las localizaciones y los territorios, y con una argumentación más diversa y amplia. Todo esto, unido a mis conocimientos del flamenco, a mi ya larga experiencia, a lo que había vivido, y a mis contactos y amistad con las familias cantaoras y con los artistas,  propició que nos decidiéramos por hacer algo que, luego, se llamó “Rito y Geografía del Cante”.

Claro que llevar un proyecto de esta naturaleza a TVE era una locura. Cuando presentamos el guión piloto y el diseño general de la serie, se preguntaban asombrados y con un sarcasmo burlón, quiénes eran La Perla de Cádiz, Tía Anica la Piriñaca o Tío Borrico. Pero allí estaba, con un puesto de responsabilidad en la 2 de TVE, un entendido serio y competente, con una profunda sensibilidad y conocimiento del flamenco, Romualdo Molina. Así que, gracias a él, que nos apoyó desde el primer momento y defendió nuestro empeño, la serie pudo realizarse.

 

-¿A qué se debió el nombre de la serie?

 

En  realidad, esas reuniones que aparecen en la serie, poseen algo de rito, de ceremonial. En esas asambleas se produce una especial energía que tiene mucho que ver con un peculiar sistema de comunicación y de participación de todos los integrantes. Siendo una celebración íntima y privada, se canta para los que están allí, y en un sistema de transferencias muy sutil, se contestan unos a otros en un diálogo lleno de alusiones y de guiños imperceptibles para el profano. Por otro lado, yo acababa de publicar en la Colección Adonais mi libro de poesía “Ritos”, que era un término que entonces tenía muy presente. Lo de geografía es más funcional, ya que la serie es también un largo viaje por las demarcaciones fundacionales del flamenco y por aquellos territorios donde tiene una presencia activa.

 

 

-Nunca se había hecho nada parecido, un trabajo divulgativo del flamenco tan riguroso y cuidado tanto estéticamente como en los contenidos.

 

Se rodaron cien programas para la serie “Rito y Geografía del Cante” y trece para la serie “Rito y Geografía del Baile”. En cuanto al cante, allí estaban los mayores, muchos de ellos nacidos en el siglo XIX, como Pepe de la Matrona, Juan Talega o Diego el Perote; las tres columnas flamencas de entonces, que eran los tres maestros, con una decidida influencia en las siguientes generaciones: Marchena, Caracol y Mairena; después, las grandes figuras, que llegarían luego a ser maestros también: Perrate, Rafael Romero, La Paquera, Pericón, Fernanda y Bernarda, Terremoto, La Perla, Sordera o Chocolate. Y los niños, que fuimos descubriendo, y que después serían nombres destacados: Lole Montoya, Sorderita, La Macanita, Bobote, Antonio de la Malena,  Moraíto, Carmelilla Montoya o Remedios Amaya. Pero también nos propusimos desde el primer momento descubrir o redescubrir para el gran público intérpretes que por diversas circunstancias se encontraban en una situación de marginalidad o fuera de los cauces comerciales del flamenco. En realidad, pretendíamos explicar asimismo esa Andalucía profunda, casi olvidada, y reflejar el aliento de una tierra por medio de sus cantos y danzas. Y, por último, potenciar los criterios estilísticos que comenzaban a surgir entonces, lo que ahora llamaríamos las nuevas tendencias, cuyas vanguardias estaban encarnadas por nombres reveladores: Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Paco Cepero, Manuel Gerena, José Menese, Enrique Morente, Camarón o Juan Peña el Lebrijano.

La colaboración y el apoyo que tuvimos de todos los artistas, fue clave para que el proyecto saliera adelante. Se entregaron completamente, nos sugerían cosas, se sentían partícipes, nos encontrábamos muy a gusto y  muy unidos a ellos y, juntos, vivimos momentos gloriosos. Fue un trabajo laborioso e intenso, realizado con mucho corazón.

 

-¿Por qué no se ha seguido un “Rito y Geografía” con las siguientes generaciones de cantaores?

 

A pesar de que ya teníamos presentado los guiones para su continuidad, cuando llegamos al número 100 de “Rito”, los responsables de TVE decidieron que ya la serie había finalizado. Insistimos, argumentamos que aún quedaban muchos tramos por cubrir, pero no tuvimos éxitos. “Rito”, por lo tanto, es una serie incompleta.

 

  • Según su experiencia, ¿qué valoración se hace del flamenco desde las instituciones?

 

En España se valora poco el flamenco. Si en algún momento ha tenido el respaldo de las instituciones, es porque se puede rentabilizar políticamente. Nunca se ha tratado como un hecho cultural de enorme peso artístico. Recuerdo algo genial que me dijo el gran cantaor José de la Tomasa: “Siempre nos quedará Nimes”, extrapolando la famosa frase de Humphrey Bogart a Ingrid Bergman en la película Casablanca. José, con el que había coincidido en esa ciudad francesa con motivo de su extraordinario festival, se refería a la alta valoración que tiene el flamenco más allá de nuestras fronteras.

 

– ¿Necesita el flamenco entonces apoyo institucional o se vale por sí mismo?

 

Depende de la sensibilidad, el conocimiento, la formación e inteligencia de esas instituciones. En último caso, el flamenco ha pasado por otras etapas igualmente difíciles y se ha demostrado que tiene la suficiente fuerza como para salir adelante y superar situaciones adversas.

 

– ¿Cuál es la situación artística actual del flamenco?

 

Artísticamente, es un momento muy positivo, muy dinámico, muy creativo. El flamenco se expresa en muy distintos niveles. Hay una rica diversidad, con actitudes musicales y expresivas diferentes, tanto en el cante como en el baile o la guitarra. Existe una exuberante variedad de leguajes, desde las corrientes que provienen de un exquisito clasicismo puesto al día hasta los planteamientos más transgresores. Siempre digo que el flamenco es un arte vivo, una vieja tradición en continuo proceso evolutivo y, en la actualidad, existe un buen número de artistas muy bien preparados, con una poderosa capacidad de inventiva, con mucho talento y poseyendo una ingente cantidad de información, que antes no había.

 

– ¿Qué aportan los gitanos al flamenco?

 

Bajo mi punto de vista, y según mi experiencia, los gitanos, mejor dicho, “los gitanos flamencos”, como dice Pedro Peña, son un colectivo muy musical, muy rítmico, ocupan un lugar predominante en la formación del arte flamenco y su aportación es fundamental. Por otro lado, Andalucía, en la que los gitanos encontraron una especie de tierra de promisión, y en la que a lo largo de los siglos se fueron asentando las más diversas civilizaciones, es también un enclave con una larga tradición musical. En el transcurso del tiempo una serie de melodías y ritmos fueron ensamblándose y cruzándose hasta dar como resultado, a través del intercambio, algo que ahora llamamos flamenco. Creo que el flamenco aparece como la emanación o la consecuencia de un mestizaje en el que han confluido diversas culturas. Para ello se necesitó la unión de esos dos elementos: los gitanos y Andalucía. La falta de uno de ellos hubiera bastado para que no se produjera lo que hoy conocemos como arte flamenco.

 

  • Por su experiencia y conocimiento diría que ¿se nace flamenco o se puede aprender flamenco?

 

Se aprende si se tiene capacidad, una poderosa vocación, sensibilidad y poder de comunicación. Como cualquier arte. Lo que en el flamenco ocurre, a veces, es que por una serie de circunstancias, algunos nacen ya con ese don y desde muy niños, casi siempre por cuestiones de herencia familiar, ya cantan o bailan con un arte arrebatador.

 

 

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