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Recordando un saber que nos hace siempre libres

Sandra Carrasco & David de Arahal presentan en Madrid Poema de la Libertad, dentro de la Suma Flamenca 2026

Para hablar de libertad, sin duda, uno debe estar dispuesto a construirse una y otra vez en sí mismo. Con la belleza que genera en las personas el paso del tiempo y la disposición de quien, a pesar de todo, se siente consciente de no conocer todo aquello que rodea el mundo en el que vive, o en el que momentos atrás otros vivieron para él.

Para ser libre, entonces, uno tiene que observar cada día las oportunidades que la vida presenta y las ganas de aprender sobre ellas hasta cansarse. Con la ilusión aterradora de no querer nunca saciarse del saber ajeno. E incluso, con la extraña obsesión del loco que, aun pareciendo saberlo todo, nunca pierde la intención por conocer más y más sobre aquello que ama.

Así, con la delicada y humilde voluntad del que decide descifrarse junto a otros en las inagotables voces pasadas, Sandra Carrasco y David de Arahal quisieron revivir a la memoria de quien jamás decidió marcharse. Continuando con el legado de su Recordando a Marchena, un nuevo susurro recorría juguetón aquel breve recuerdo, ahora en forma de Poema de la libertad. Con el placer que genera a la mente humana crear imágenes propias de su imaginación, aquel espacio pequeño y antiguo del Teatro de la Abadía se transformó en un verdadero escenario somnífero, proyectado de luces y sombras, recreando las siluetas de los que en su tiempo quisieron ponerle nombre. Un sombrero y el mástil de una guitarra, acompañados de las melodías casi semejantes de sus antecesores, impregnaban de música infinita los oídos y la vista de todos los presentes. En ocasiones, un murmullo delicado lograba introducirse entre los cantes por alegrías, fandangos y milongas con la particularidad de un sonido que, a pesar de no haber estado desde el inicio, parecía no poder entenderse sin él. Las voces que conversaban entre armonías procedían de la lejanía de una mesa acompañada de sus mejores comensales, Bernardo Miranda y Josué Segura. Los ritmos y las notas en su frente hablaban entre sí como si hubieran crecido sobre las mismas paredes, tal y como sucedía entre Bernardo y Juan Parrilla.

Y sumidos en el proceso hipnótico de escuchar las idas y vueltas del flamenco más recóndito, la realidad volvía a establecerse cuando una voz narradora quería contar su historia. Suya, porque aunque llevara el nombre de otros, ella era la verdadera protagonista. Una narración de quien desde el más profundo cariño desentierra de una enciclopedia polvorienta aquello que parece haberse perdido para siempre. Con el entusiasmo y la vida de quien crece inconsciente en el eterno e inagotable saber inquieto que da verdadera luz al mundo.

El que hace no quedarse nunca en pausa. Ni tampoco solo.

De nuevo, pues, una lección aprendida sobre los que fueron nuestros maestros. Estudiada por los que sueñan con ella para enseñarla a todo el que esté dispuesto a aprenderla. Y casi sin darnos cuenta. A los amantes, a los entendidos, a los aficionados, y a los que, aún como niños, tienen la fortuna de escucharla cada día.

Haciéndonos recordar que, verdaderamente, lo que nos hizo libres en cualquier tiempo, siempre fue el saber.

Al Cante: Sandra Carrasco; Guitarra: David de Arahal; Flauta: Juan Parrilla; Violín: Bernardo Parrilla; Coros y palmas: Bernardo Miranda y Josué Segura
Crónica por Natalia del Buey de Andrés
Fotografía por Demetria Solana Soto
Diseñado por Nubemedia.