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El estudio del flamenco

El estudio del flamenco

JOSE MANUEL GAMBOA

El estudio del flamenco ha mejorado notablemente. A mediados de los 50 comienza el intento de un estudio ordenado del flamenco.

El momento en que se puede decir que se inicia el estudio con profundidad, gran conocimiento y rigurosidad es con Blas Vega y su extensa bibliografía. Una obra que marca un antes y un después en el estudio del flamenco es “Vida y cante de don Antonio Chacón” (Córdoba, 1986), un trabajo animado por Pepe el de la Matrona y Enrique Morente; o el imprescindible “Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco (Madrid, 1988) en colaboración con Manuel Ríos Ruiz. A partir de aquí, empieza a cambiar todo. Y se forma una generación que partiendo de García Matos está en torno a Blas Vega, como José Luis Ortiz Nuevo, Eugenio Cobo, y más tarde yo mismo, Faustino Núñez, etc., que iniciamos el estudio y la investigación basada en un trabajo riguroso y más contrastado.

El término flamencología lo ideó Anselmo González Climent, bautizando un libro suyo de 1955. Muchos, sin más, se autotitularon enseguida flamencólogos, porque el término resultaba atrayente en aquella España en que casi nadie podía cursar estudios superiores; era una forma de ronear. Se empezaron a autodenominar así algunos señoritos, gente de posibles, y también una generación entera que no tenía la más mínima idea y se iba enterando del flamenco según ejercía la “profesión”, lo que resulta una barbaridad.

Hubo una época del estudio del flamenco que se basó en bulos, opiniones y pareceres subjetivos que decían estar en posesión de la “verdad”.

Así se empezaron a correr bulos como que la Opera Flamenca era lo peor de lo peor, que si Marchena no vale un duro, que si Chacón no sabe, etc. Se daba crédito a los bulos, a los decires falsos, a los mitos sin fundamento, que corrieron por ahí. Estos “flamencólogos del bulo” hicieron de portavoces del Mairenismo, que estaba en boga.

Claro, hay que ponerse en el momento, el Mairenismo visto ahora tiene una crítica que vista en su momento no la tenía. El Mairenismo era necesario también en ese momento. Yo no lo critico, Mairena hizo un trabajo sublime, que está ahí. Si me meto con el Mairenismo es para que la gente tenga perspectiva. Se trata de una revisión de todo aquello.  Mairena contaba lo que quería hacer a los que tenía alrededor y ellos fueron los primeros portavoces del flamenco. Extendieron mitos y bulos. Esto es lo que yo he defendido revisar y contestar. También aportó cosas, claro, pero hay que exigir estudio.

Por ejemplo, en la misma época, aparecen también los primeros estudios serios y contrastados, en este sentido. Por ejemplo, Antología del Cante Flamenco, que hizo Andrade Silva con Perico del Lunar para Hispavox; o el de García Matos para la antología de Caracol. Estos son trabajos buenos, de gente preparada musicalmente. Estos son trabajos buenos, de gente preparada musicalmente. Eran musicólogos.

El flamenco es música. Es muchas cosas, pero básicamente es música, por ello el estudio más adecuado es desde esta vertiente. Antes no había musicólogos que fueran flamencos.  Por eso se han dicho tantas barbaridades, grandes máximas. Por ejemplo, hay un libro, “La verdad del cante”, de Antonio Mata ¿Cómo se puede decir que hay una Verdad? ¿Qué verdad? Es absurdo. Este tipo de máximas deben ser contestadas. Esto es lo que yo defiendo, y animo a cuestionarlo todo, a preguntarse siempre por qué.

Son necesarios conocimientos musicales y flamencos a la par. Ahí estaba Manuel García Matos, ahí está Faustino Núñez…, y, si se me permite, yo mismo. Antes de sentenciar, si es que ello cabe, se necesita estudio y trabajo de campo; ser músico y flamenco, saltar al ruedo y convivir con los flamencos. Eso te permite un correcto enfoque.

A partir de los años 80 comienza este estudio del flamenco por parte de una generación de flamencos, con conocimientos musicales, que estudiar, contrasta, revisa lo estudiado… No se trata de negar lo anteriormente hecho, sino de revisarlo con perspectiva. Por eso, en flamenco y en todo, es muy importante revisar y no quedarse con “Verdades”.

Ahora, por contraste, se ha llegado a todo lo contrario. Hay una reciente generación de estudiosos de Internet que, sin salir de casa, ya cree sabérselo todo. Gente que lleva tres días y se atreve a llamar la atención a los demás en las redes… Usted puede tener 200.000 datos, pero, comparito, hay que saber interpretarlos. Ahí está el quid. Entre todos iremos avanzando.

¿REGLAR EL FLAMENCO?

Lo que se debe reglar son los estudios musicales, la disciplina como tal, no. Parece mentira que con lo que hemos luchado contra el prohibir y el reglar, todo el mundo quiere prohibir y reglar. Están quitando Filosofía y Literatura, ¿y quieren incluir flamenco en la Universidad? No lo veo. Lo que te deben es formar en la escuela de manera que sepas preguntar, seas crítico y sepas elegir. Luego, la “titulitis” es un arma de hiriente doble filo.

El flamenco es música y el flamenco es vida. Me da mucho miedo lo de encerrar el flamenco en una teoría, normalizarlo. Vamos a estudiar el flamenco, sí, pero antes animemos más a vivirlo y disfrutarlo, que la historia estará siempre por reescribir.

Ahora ya se va sabiendo, vamos encaminados. Se sabe de dónde viene todo. Y es cuestión de ponerse a estudiar a investigar sobre los huecos menos conocidos

Es muy grave que guitarristas de la talla de Serranito, Manolo Sanlúcar, Gerardo Núñez, Riqueni o Tomatito no puedan tener su cátedra de guitarra en los conservatorios; que tengan que ser titulados en guitarra clásica los que enseñen lo que no saben. Esto es uno de los peligros de la “titulitis”, y un claro síntoma de la incultura nacional; la despreocupación por el flamenco, una de nuestras identidades culturales de mayor proyección, más reconocidas y que más divisas aportan.