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Luz Arcas o cómo habitar una Tierra Rara

Luz Arcas -La Phármaco- en Los Encuentros de Pamplona 2026

Luz Arcas tiene una trayectoria más que consolidada en esto de la danza contemporánea, en esto del baile, como ella prefiere llamarle. Con un premio Nacional de Danza a la creación en 2024, premio Lorca, premio El Ojo Crítico en 2015.  Aunque una carrera reconocida por la crítica su hacer siempre ha estado en la búsqueda de algo propio. Siempre con la intención de ocupar el espacio con el cuerpo en movimiento, con el baile. Con espectáculos que conforman trípticos como el Tríptico de la Prosperidad ((2019- 2023) con las piezas La domesticación, Somos la guerra y La buena obra; o el Ciclo de los milagros con Toná, Trilla y Mariana, esta última presentada en la Bienal de Sevilla. Durante estos años ha ido explorando de manera atrevida, siempre en riesgo, la forma de vivir y pensar el tiempo, el espacio, su cuerpo, su baile.

 

En muchas de sus piezas la artista ha coqueteado con herramientas del flamenco. Artistas como Lola Dolores, Bonela Hijo, Ángeles Ruso, Bonela Chico, Tomás de Perrate y Pedro G. Romero han colaborado con ella, siendo una conocedora de este arte, interesándose profundamente por lo que el flamenco le pueda ofrecer: su fuerza y radicalidad.

 

Tierras Raras

 

Basura espacial, gran tejido de plástico negro, cuerpos y cuerpos, tubos de plástico; la descomposición de un tiempo perdido. 

La pieza mantiene la extrañeza durante gran parte de la hora que dura. Entre el fluido y el fósil, del que emanaba cuerpos explosionados por un mundo que genera aberraciones; unos cuerpos aviares, pertenecientes a ese mesozoico de los dinosaurios, con sus sonidos, sus gestos, su insensibilidad; algún cuerpo desprovisto de género, edad y apariencia; y  mientras tanto ruido, ruido espacial y efectivo, y un movimiento que emerge de los fondos, conviviendo significativamente con un final, como nos contó Israel Galván con su El final de este estado de cosas, redux (2005), donde retrató de forma estética, es decir a través de lo sensorial, el apocalipsis bíblico. Luz Arcas convive con ello, habla de un tiempo post apocalíptico, una especie de Mad Max, en el que la materia ocupa un lugar límite. Tierras Raras, Mendeléyev, el estudio de las formas de alteración de la materia, de la presión, los cambios de temperaturas, las condiciones que permiten que las cosas muten, que desaparezcan y vuelvan a aparecer, que no estén y que a su vez siempre hayan estado. En el escenario, como ya dijo el científico ruso, las tierras raras se dividirían en ligeras y pesadas. Estos elementos no son raros por su poca presencia terrestre sino por andar muy mezclados con otros elementos, una convivencia muy cercana, aunque su extracción y singularización resulte compleja.

 

Una danza que no idealiza a los cuerpos sino que los devuelve o transforma a su estado inerte, a una percepción pura y fantásticamente corporal. Y ahí es donde radica la obra, una tierra rara, un lugar al margen de lo común, en el que explora maneras diferentes de ocupar el espacio y los cuerpos; un reducto de imaginación y libertad huyendo de una realidad cada vez más pragmática, cerrada y doliente. 

 

Este ejercicio artístico, que propone la coreógrafa malagueña,  relata como dice la ficha artística «La danza del subsuelo, de lo que se descompone y alimenta el mundo. El baile de esa violencia original.» Y ahí es donde entra en juego y convive lo flamenco. Con un Tomás de Perrate casi místico, apareciendo en el escenario como una especie de maestro de ceremonias del infierno, que te lleva y te trae, como si de un Caronte se tratara. Unos cantos y unos cantes, en lo que pareciera un latín, una lengua vernácula inventada, rara, de ese mundo creado y generado para la ocasión. 

 

Hay momentos que desde lo flamenco identificamos, unas tonás, unos martinetes a golpe de martillo sobre hierro, con una Luz Arcas extrema, golpeando con violencia y Tomás de Perrate viniendo de un mundo a otro, encontrándose con el flamenco de por medio. Con su conocimiento exhaustivo de cante, Perrate, fue derrochando impactos de esos cantes primitivos, tonás y martinetes, aquella toná por ejemplo, que se remonta a un suceso de 1746, que habla de persecución racial, de persecución a la libertad y al corazón errante: 

 

“Los gitanitos de El Puerto fueron los más desgraciados, que a las minas del azogue se los llevan sentenciados.”

 

Por un momento se nos viene aquella fiebre del baile, ocurrida en 1518 en Estrasburgo. Cientos de personas salieron a la calle a bailar, sin música, sin razón alguna, movidos por un fuego interno, una fiebre que se curaba bailando, ni comían ni dormían, caían rendidos, despertaban y seguían bailando, casi sin placer, por pura necesidad.

 

Y es que la coreógrafa malagueña, junto a su compañía La Phármaco, ha encontrado un lugar, un espacio, una corporeidad para ensayar formas diferentes de habitar, generándonos un misterio, una llave hacia aquello que desconocemos pero que a su vez nos habita. Un ejercicio político y poético que nos invita a explorar y fantasear con las posibilidades del arte.

 

Qué alegría cuando el flamenco se encuentra con espacios diferentes a los de su dichosa y profunda escena; cuando convive con su tiempo, cuando se usan las herramientas y las formas flamencas para dialogar en otras tierras, aunque sean raras. El flamenco al convivir con otras disciplinas acaba por encontrarse en los huecos, en las ranuras que deja el presente, para explorarse y producirse abierto, libre y moderno, como siempre ha sido. Y es que el flamenco sigue ocupando los espacios del presente y del futuro del arte, gracias a su misterio, su mundo telúrico y su potencia dramática permite celebrar la vida y la muerte con igual trascendencia.

 

Ficha artística

Baile: Luz Arcas, La Merce, Danielle Mesquita, Javiera Paz, Raquel Sánchez. Dirección escénica, coreografía, espacio escénico: Luz Arcas. Cante y voz: Tomás de Perrate, Raquel Sánchez. Iluminación: Jorge Colomer. Diseño de sonido: Xabier Erkizia. Dramaturgia: Luz Arcas, Pedro G Romero. Dirección Técnica: Cristina L. Bolívar. Foto y vídeo: Virginia Rota. Vestuario: Andrea Otin. Acompañamiento artístico: Victoria Aimé. Diseño gráfico: María Peinado. Ayudante de dirección y producción ejecutiva: Fernando Jariego. Técnicos en gira: Jose Espigares (iluminación),  Pablo Contreras (sonido). Coordinación de Producción: Alberto Núñez. Dirección de producción: Alex Foulkes. Una producción de Luz Arcas – La Phármaco.

Fecha

8/10/2026

Lugar

Teatro Gayarre, Pamplona

Aforo

Patio de Butacas 80 %

Duración

75 minutos

 

Diseñado por Nubemedia.