En la tarde del domingo 27 de septiembre en la sala Espacio Turina vivimos unos momentos de belleza y fuerte sensibilidad de la mano de Dani de Morón y su espectáculo Cuadro
Un recorrido por diversos cantes, desde bulerías, soleares apolás, farrucas, tangos, cantiñas, entre otros. Daniel tiene una forma de tocar personal, con un conocimiento de la guitarra muy profundo. Sin abusar de los lugares comunes del guitarrista explora cada nota dándole un tiempo único. Su labor como guitarrista es poliédrica, destacando, como pudimos comprobar en el acompañamiento, en la vertiente solista y en la compositiva. En las soleás apolás fue exquisita su forma de dar tono a los cantaores, dando la entrada pulsando una sola cuerda, una sola nota, amplificando desde lo mínimo las posibilidades del instrumento. Esto generaba que la importancia y la conexión con el cantaor fuera aún más relevante. Bien rodeado, al cante Ismael “El Bola”, Amparo Lagares y Sergio “el Colorao”; al baile Claudia “la Debla” y al acompañamiento Los Mellis de Huelva.
Dani es una persona inteligente y cercana, una vez que el concierto estaba encaminado se sintió más relajado para poder agradecer a la Bienal y al público la oportunidad. Humilde, divertido y buen músico, ¡qué bonitas cualidades para engrandecer el flamenco! “La guitarra, un instrumento muy díficil, mira si es difícil que para tocarlo malamente hay que ensayar 10 horas al día”, comentaba entre risas.
El tratamiento que tiene Dani de Morón con la guitarra es flamenco y contemporáneo, contemporáneo en el sentido en el que se refiere Agamben en su texto ¿Qué es ser contemporaneo?, donde dice que lo contemporáneo es lo intempestivo, aquello que no coincide verdaderamente con su tiempo; es por ello que es capaz de percibir las cualidades estéticas que hay en él. Nils Frahm, es un músico que nos recuerda a esa forma íntima de tocar, donde desde lo clásico rescata lo mínimo, unos sonidos de hogar, amables y dolientes, como una solitaria noche de invierno en una mesa camilla.
Las intervenciones de los tremendos acompañantes supusieron el broche genial a una calurosa tarde de agosto en la capital andaluza. El Bola, resaltó en su profundo conocimiento del cante, su saber estar y su forma de atender las necesidades y exigencias de sus compañeros, siendo solidario en su tarea de hoy, acompañar al toque; Amparo Lagares destacó en unos cuplés por bulerías y en unas sevillanas, alosneras, bíblicas, donde el público se sintió con el sabor dulce de su cante más popular; el granaino Sergio el Colorao, con su voz más camaronera y delicada hizo una farruca que se disfrutó con gusto. Los Mellis, como nos tienen acostumbrados, generando un compás que traspasa los corazones, compartiendo el cajón flamenco como buenos hermanos, jugando con sus posibilidades, sonidos por los cinco costaos. La joven Claudia la Debla, con su excelentísima personalidad ofreció un par de palos exquisitos, haciendo de Cuadro un espectáculo flamenco y valioso. La bailaora granaína, en sintonía con Dani, con un genio a la altura de lo gran bailaora que es. Y Dani sonriendo, disfrutando, rematando donde lo pide el cuerpo y el compás, y haciendo que el público no pueda contener los olés y los aplausos.
Un momento de gran emoción, fue cuando Dani quiso agradecer de nuevo la oportunidad que la Bienal y la vida le había dado. Recordando la importancia de ser buena persona, de perdonar, de hacer este mundo mejor, ahí no pudo contener las lágrimas y emocionarse hasta lo más profundo, empatizando y conectado con el sufrimiento, el agradecimiento y el perdón. El público lo sujetó con un largo aplauso.
¡Qué alegría la gente buena de verdad!
Crónica: Manuel Cid Fernández · Fotografía: Archivo fotográfico Bienal de Flamenco @ Laura León






