23 de abril de 2019

Estreno en cines “Peret, yo soy la rumba”, 22 de marzo

Estreno en cines “Peret, yo soy la rumba”, 22 de marzo

De los corrales de Mataró a los escenarios de medio mundo, la aventura artística y personal de Peret, el artista que con un poco de mambo, un chorro de tanguillo y una pizca de rock creó la rumba catalana.

50 años después del éxito de Borriquito, los nietos del maestro protagonizan un retrato íntimo de la familia, con Andreu Buenafuente como narrador.

El documental de Paloma Zapata llega a las salas coincidiendo y conmemorando el nacimiento de Peret (24 de marzo de 1935).

Después de clausurar el Festival In-Edit de Barcelona y conseguir el Premio internacional al mejor largometraje del MUVI–International Music Film Festival de Lisboa este fin de semana, la película sobre el máximo exponente de la rumba catalana, Peret, yo soy la rumba, se estrenará en cines de todo el país el viernes 22 de marzo. El segundo largometraje documental de Paloma Zapata llega a salas conmemorando el nacimiento del músico, que el día 24 de marzo de 2019 cumpliría 84 años. La película recorrerá cines de Barcelona, Madrid, su Mataró natal y otras ciudades, pasando por varias salas de Yelmo Cines, como Comèdia e Icària (Barcelona), Ideal (Madrid) o Mercado de Campanar (València), Park Central (Tarragona) y Puerta Europa (Cádiz).

Peret, yo soy la rumba

Días antes de morir, Peret comparte los orígenes de la rumba catalana con su nieta Santa y siembra en ella la inquietud de difundir su legado. 50 años después del éxito de Borriquito, los nietos del maestro protagonizan un retrato íntimo de la familia Peret. En Peret, yo soy la rumba, la directora Paloma Zapata (Casamance, banda sonora de un viaje) firma un documental creativo, musical y biográfico, a través de imágenes reales, de la inmersión en la familia del maestro y en la vida cotidiana de los gitanos catalanes, responsables del único género musical nacido en la calle en Europa durante el siglo XX. Junto a la familia Pubill, Paloma Zapata recoge el testimonio de Justo Molinero, La Chana, Petitet, La Payoya, Joanet Miliu, Calabuch, Ragna, Pep García, Peret Reyes y Rafael Mol. También cuenta con la colaboración de Andreu Buenafuente, que pone su voz a algunos capítulos de esta historia.

50 años del boom de Borriquito

En 1968 un nuevo sonido conquistó los escenarios de medio mundo: la canción Borriquito se escuchaba ese año en emisoras de toda Europa y América Latina, llegando a estar hasta siete semanas en las listas de grandes éxitos de Alemania y Holanda. Sus intérpretes: tres gitanos catalanes, que con tan sólo una guitarra a ritmo del ventilador y dos palmeros, entonaban un nuevo género musical que mezclaba el ímpetu del rock, el sabor de los ritmos caribeños y su estilo de raíz: flamenco, o gitano. Pronto los medios de comunicación bautizaban el nuevo género como “rumba catalana”. Su artífice, un gitano catalán conocido como Peret, nacido en las barracas de Mataró y crecido en la calle de la Cera del barrio del Raval, lugar donde la comunidad romaní se estableció por primera vez en la península Ibérica hace más de 400 años.

La polémica sobre la creación de la rumba catalana

Pero cuando estaba en lo más alto del éxito, Peret abandona por sorpresa la música, para dedicarse durante nueve años a ejercer de Pastor de la iglesia evangelista de Filadelfia, una doctrina que se extendió muy rápidamente entre los gitanos. En esa época empieza a difundirse la idea de que Peret no es en realidad el creador de la rumba catalana, y surgen otras teorías. En el año 2014, Peret, ya anciano, sufre una grave enfermedad respiratoria. En una conversación íntima con su nieta Santa, le habla de esta polémica sobre la creación de la rumba, de su tristeza al respecto y de un material audiovisual que ha estado recopilando. Pocas semanas después fallece, y Santa decide que debe levantar un documental sobre su legado. Durante esos días en la calle de la Cera se reúnen para recordar viejos tiempos algunos de los gitanos que acompañaron a Peret en su éxito, y recuerdan cómo era antes la vida en ese mismo barrio, cuando los gitanos se dedicaban a la venta ambulante, y como los artistas anónimos derrochaban talento espontáneo en las juergas que surgían en bodas y celebraciones.

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