Saltar al contenido

Jesús Carmona presenta “UnYdos” en la Suma Flamenca 2026

«En un profundo imaginar de lo que alguna vez fue merecido»

Sobre un escenario preparado para estrenarse se abre como un universo la sombra de una ventana proyectada en el suelo. El único foco de luz se muestra centrado ofreciendo un acceso directo a un nuevo relato que está por comenzar. Se trata así de una ventana ficticia, imaginada por los únicos ojos de una espectadora que trata de descifrar en su mente lo que ha venido a ver.

Tal vez recorrida por el viejo recuerdo de lo que soñó alguna vez, proyecta sobre el cuerpo masculino que se presenta ante todos la idea de un camino que trató de comenzar hace mucho tiempo. E incluso rodeada de un montón de butacas ocupadas, se siente sola en su imaginario. Sola observando como una antigua fotografía el impacto hipnótico que hace que no pueda ni un segundo parar de mirar el traqueteo de los pies de aquel cuerpo. El que actúa sin descanso guiado por un perfecto compás. El de quien se plantea también en esa oscura soledad, tal vez añorando en su intimidad el inicio de un mundo del que nunca quiso despertar.

Como en un veloz parpadeo, el aislamiento cesa transicionando hacia un nuevo espacio y planteando una primera incógnita. La de que el arte no debe nunca entenderse en solitario. Las voces lejanas y el sentir de otro cuerpo se cuelan por los rincones de unas tablas desgastadas. Lo que era un sueño parece de alguna forma real. Un cuadro flamenco al completo y una falda de brazos alborotados conversando con sus pies. Unas veces unidos. Otras orgullosos. Y en el asiento de color rojo el corazón de una espectadora que sin quererlo se percibe sentada en una de las sillas que acogen a todos sobre la escena. Se piensa, sin quererlo, como uno de ellos. Dando palmas, jaleando o quizás meneando al compás de otros su larga trenza cobriza.

Introducida en ello, nuevamente todo cambia. Por las pupilas de quien mira van pasando entonces una serie de escenas que comienzan y terminan sin avisar. En ocasiones con la rapidez que caracteriza a veces a la vida. La luz acompaña en cada momento, representando algo. Como si el mundo fuera un gran interruptor que encender y apagar según se quiera sentir o integrar el arte en la realidad o en la ficción. Los cuerpos regresan a un espacio separado. El baile en forma de mujer toma protagonismo al enredarse en un enorme mantón. Una tela que la abraza, la ahoga, la aprisiona y la hace sentir hasta la profundidad enorme de sus entrañas. Quizás como el flamenco cuando uno se adentra a conocerlo y, atrapado por él, no quiere soltarlo jamás.

El cuadro retoma su lugar en diversas ocasiones posicionándose sobre ambos mundos. Entre volantes acaracolados y silencios por soleares. Interrumpiendo, una de las voces también pide soñar. Canta desde el pulmón solitario, como si no hubiera nadie más allí con él. Se deja entero a sí mismo. Otro acompaña al baile masculino con el acompasado juego de tacones y manos que se disfrazan en un mismo sentir. La soledad, entonces, retoma su importancia. Quizás queriendo hacer presente un segundo misterio. El de que el arte debe entenderse primero dentro de uno mismo para contarlo a los demás. Con los pies, los que le hacen avanzar, moverse e incluso retroceder, el cuerpo masculino va saltando por distintos puntos de luz. Abandonando un pasado que le permite progresar sin olvidarlo.

Todo se cierra con la perfecta imagen que concluye todas las reflexiones. Los cuerpos, las voces y las manos se juntan inagotables durante un tiempo que no desea nunca terminar. La gran fiesta en la que todos soñaban participar.

La ventana aparece de nuevo y se cierra lentamente, atrapando dentro al bailaor y a todo lo expresado. También a la espectadora que, con cierta tristeza, se despide de su ensoñación llevada por la intensidad de los aplausos. En el vacío de un teatro a punto de cerrar queda perdido un pensamiento. El de que, quizás, en algún mundo, la cultura es el don necesario para entenderse desde el amor. Como un refugio de luz al que uno siempre puede volver a unirse, a encontrarse y a ser como alguna vez lo soñó.

Obra: UnYdos Jesús Carmona, coreografía, dirección y bailaor; Lucía Campillo, bailaor y bailaora; Jesús Corbacho, cantaor; Al-Blanco, cantaor; Eleazar Cerreduela, cantaor; El Peli, guitarra.

Fecha: 28/10/2026; Lugar: Teatro del Canal/Sala Roja; Programación de la XXI Suma Flamenca 2026.

Crónica por Natalia del Buey de Andrés.

Crónica fotográfica por Demetria Solana Soto.

Diseñado por Nubemedia.