El 11 de julio el Ballet Nacional de España estrena Triana, en el Teatro de la Zarzuela. La obra forma parte de un programa doble, junto a Medea, que estará en escena hasta el 22 de julio. Rafaela Carrasco ha realizado la coreografía de Triana. La bailaora y coreógrafa, una de las más reconocidas del momento actual, nos habla en esta entrevista sobre su trayectoria, su concepto de la danza y el flamenco, y su último trabajo Humo, una reivindicación por los derechos laborales de las cigarreras del siglo XIX. Por Rosa Pérez Riesco (entrevista publicada ne la revista impresa de junio 2026). Foto Demetria Solana
Humo, tú última creación, es un recuerdo a las reivindicaciones laborales de las cigarreras de Sevilla ¿Cómo surge la idea y su desarrollo?
Yo tenia ganas de trabajar en alguna obra clásica y esta me permitía, a través del conocido estereotipo de Carmen, rendir un homenaje a las cigarreras. Investigando esta historia descubrí que se trataba de un grupo grande de mujeres, hasta 6.000, que llegó a ser muy importante en sus reivindicaciones para mejorar las condiciones laborales. A finales del XIX y principios del XX en Cádiz, en Sevilla, en Madrid, en las fábricas de tabaco existía un ambiente muy cerrado, con unas normas hechas por hombres, y de pronto, las mujeres se meten en ese espacio y crean un colectivo con el que hicieron fuerza para conseguir unas mejoras laborales dignas para la época. Lograron establecer ocho horas de trabajo, mejorar sus sueldos, su jubilación, su médico, se crearon guarderías, grandes innovaciones para los tiempos de los que hablamos.
La danza tiene que ser un escaparate y una herramienta para poner en valor ciertas cosas y hacer reflexionar
¿Crees que es necesario desde la danza mostrar este tipo de acciones de mejora y justicia social?
La danza tiene que ser un escaparate y una herramienta para poner en valor ciertas cosas y hacer reflexionar. A mí me da un poco de miedo cómo está moviéndose el mundo, cómo está cambiando la forma de hacer política, de cómo los derechos arrancados por las mujeres se ven en peligro constantemente y cómo da la impresión de estar siempre luchando por lo ya conseguido. Con esta obra en la que la historia está contada en el pasado podemos apreciar algo de todo esto y poner ojito al presente, creo que sí, no está de más poner en valor este tipo de cosas.

La danza como arma social…
Claro, las artes escénicas nos permiten siempre poner la voz sobre lo que queramos y éste es un buen motivo para hacerlo.
En los cuatro espectáculos anteriores has colaborado con el poeta Álvaro Tato, y en todos ellos se aprecia un gran trabajo de investigación, ¿cómo surge este proceso de colaboración?
Hay algo que nos acerca mucho, nos conocimos a través de mi distribuidora y conectamos al momento. Siempre a lo largo de mi trayectoria, mis espectáculos han tenido una estética muy poética, una identidad visual. Mi forma de entender el flamenco quizá no sea tan racial, es una forma más estética, de estilo, entonces conocí a Álvaro y él me proporciona el soporte dramatúrgico, el literario, el soporte de la palabra dicha o no dicha, y a partir de su propia dramaturgia vamos creando esta poética del baile, de alguna forma las dos cosas encajan ahí, se enlazan.
En tu obra resaltas el papel de la mujer, mujeres sobre el escenario…
En este proyecto sí y en la anterior obra Nocturna también, pero por ejemplo en Ariadna, un tema sobre otra mujer, un mito, eran todos hombres, todos bailarines, músicos, pero para resaltar una confrontación con el patriarcado. Ariadna estaba en un lugar al que no pertenecía y luchando contra el padre, el hermano… era una lucha con todo lo que la rodeaba. Es verdad que a lo largo de mi vida siempre trabajo con mujeres o a partir de personajes femeninos, no tengo muy claro el porqué, pero me siento cómoda y sobre todo me gusta ponerme en la piel del personaje. Cada vez que hago algo nuevo es como si habitara otro cuerpo otro ser y me transformo, es muy bonito ver cómo encuentras otra identidad y a partir de eso tu cuerpo busca un tipo de movimiento, de expresión, una forma de contar desde otro personaje.
Dentro de las temáticas con las que has trabajado en tu trayectoria: mujer, independencia y libertad, en relación con el flamenco, que tiene unos códigos muy marcados ¿cómo integras la danza más vanguardista con el flamenco más tradicional?
Siempre he pensado que el flamenco es un arte en continua evolución, que se nutre de todos lados sin perder su identidad y sin perder su esencia. Yo vengo del flamenco más tradicional, desde mi formación con Matilde Coral, pero también con Mario Maya, más escénico, más teatral y abierto hacia otros campos coreográfico. Además, la inquietud por la investigación siempre ha sido para mí muy importante. De más joven nunca me sentí muy flamenca, no formaba parte de ese estereotipo que entendía yo como flamenco, entonces intenté buscar con qué me sentía más identificada y dónde podía yo aportar algo diferente. En esa búsqueda, que es un viaje de ida y vuelta, entran todos los géneros. Además, la formación en clásico, en danza española, estilización, contemporánea son muy importantes para un artista. La danza contemporánea me habría otros mundos, no tanto en el movimiento pero sí en cómo se utilizaba la escena. Mientras que en esa época el flamenco era para mí muy encorsetado, muy limitado, hablamos de los años noventa, en las propuestas de danza contemporánea veía que el grupo se utilizaba de otra manera, no era siempre línea, diagonales, tan ordenado, si no que pasaban muchas cosas en escena, con focos muy distintos, y eso me abrió un mundo para trabajar la coreografía flamenca como trabajo coreográfico grupal, y tener los recursos de otros estilos de danza que permiten que tu vocabulario sea más amplio. En todo caso, yo no me siento vanguardista, no lo soy, tampoco me siento tradicional, pero sí me siento actual y con las herramientas suficientes para bailar tradicional, porque vengo de ahí, pero a la vez, mi cuerpo y mi vocabulario me permiten buscar en otras cosas, dependiendo del proyecto.
Obra «Nocturna»
¿A qué se debe esta tendencia por parte de muchos flamencos de tu generación a introducirse en la danza contemporánea e incorporarla al baile propiamente flamenco?
Son como ciclos, de pronto llega una generación que tira más hacia la tradición y a exhibir una estética más flamenca y más tradicional y otras épocas o generaciones en las que nos cansamos de eso y vamos a buscar la parte más contemporánea, pero es verdad que cuando yo comencé mi búsqueda estábamos en una generación que rompimos muchas barreras y estereotipos, hablamos de Israel Galván, Belén Maya, Andrés Marín, Isabel Bayón, fuimos una generación que veníamos de trabajar con los maestros, con Matilde Coral, Merche Esmeralda, Mario Maya, de una formación clásica, viniendo de esa formación sentimos la inquietud de esa búsqueda, unos a nivel más de concepto de espectáculo, como fui yo misma, y otros más de búsqueda de un lenguaje nuevo en su cuerpo, como Israel o Andrés, y posteriormente, Rocío Molina, que tiene una búsqueda de lenguaje. Lo mío era más la búsqueda del concepto de compañía, de como llevar a escena las cosas. Es verdad que cada uno eligió su camino, fue un momento muy difícil para nosotros, con respecto a la Prensa, por ejemplo, porque en ese momento, de pronto surgió la polémica de si era o no flamenco, o moderno, o contemporáneo… y había ahí un mejunje curioso, aunque todos creímos en lo que teníamos que hacer y seguimos, al final eso se ha posado y ya se ve de otra manera. Creo que se debió también a esa generación de críticos que escribían de flamenco, que eran conocedores de un flamenco tradicional, pero que no tenían lenguaje para abordar lo que estaba ocurriendo en el baile, no tenían herramientas, y como se les escapaba, pues de pronto comentaban que eso no era flamenco. No podían opinar, hacer una crítica ante algo que no conocían.
«Cuando yo comencé mi búsqueda estábamos en una generación que rompimos muchas barreras y estereotipos, hablamos de Israel Galván, Belén Maya, Andrés Marín, Isabel Bayón, fuimos una generación que veníamos de trabajar con los maestros, con Matilde Coral, Merche Esmeralda, Mario Maya, de una formación clásica, viniendo de esa formación sentimos la inquietud de esa búsqueda…»
Tú eres catedrática de danza y das clases ¿qué importancia tiene para ti la docencia?
La docencia ha ido paralelamente conmigo siempre. Yo empecé a dar clases muy joven, desde la inconsciencia seguramente, con doce y trece años yo ya daba clases de sevillanas en mi pueblo, también porque ese dinero me ayudaba a pagar las clases que daba con Matilde, porque en mi casa, muy humilde, faltaba dinero siempre, y la docencia me servía. Además, los bailaores no vivimos de las actuaciones nunca, incluso las obras te pueden costar dinero, porque llevar una compañía, es complicado, es costoso, entonces, lo que nos mantiene son las clases o bien ser artista de tablao, que te permite un sueldo diario. En mi caso, me gusta mucho impartir clases, sé que lo hago bien. Ahora, efectivamente, estoy con plaza de Cátedra e impartiendo clases a futuros maestros, con lo cual puedo aportarles ese conocimiento de mi trabajo y profesión a lo largo de mi vida, es super enriquecedor, por la cercanía con ellos, son personas de 20, 21, 22 años, que te mantienen muy al día.
Finalmente, Rafaela ¿sientes que el baile posee ese lado telúrico, el poder de sentirse, de alguna manera, trasladado a otro nivel de percepción?
Yo soy muy realista, tengo los pies muy en la tierra y tengo muy claro que el artista lo es porque todos los días se mete en el estudio y trabaja, y de ahí saca el fruto. Creo que las posesiones divinas no existen, ese es un cuento que nos inventamos cada uno para encontrar tú yo en algún lugar más elevado. Yo creo en la parte emocional con la que tu conectas con tu yo interior, la parte con la que tú puedes hacer esa terapia personal a través del movimiento y de la creación, pero eso no significa que yo tenga que estar elevada ni en conjunción con los astros. Las vivencias que tu tengas como persona van a tu cuerpo y tu cuerpo lo cuenta, la dos cosas se ensamblan, conviven perfectamente. Todo lo que desees contar es más fácil cuando conectan de verdad la parte emocional y la física.






