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EZEQUIEL BENÍTEZ presenta ‘Lo que nadie ve’ en el teatro Alameda, en Sevilla, a 24 de septiembre de 2026. Fotografia:

«Lo que nadie ve»: la causa de Ezequiel Benítez

La propuesta parte de la idea de aquello que queda oculto, que queda relegado, una ventana sin abrir, el silencio oculto, un futuro incierto. En este proyecto, que parte del disco homónimo Lo que nadie ve, Ezequiel atiende a aquello importante de la vida, lo que se cuece a fuego lento, cada día, los sacrificios, las compañías queridas, el amor y el cariño al mundo, al arte y sus gentes; todo orquestado con un repertorio muy variado de palos: bamberas, soleares, tientos, seguiriyas, alegrías, cantes de trilla, fandangos y unas bulerías recordando su Jerez natal. Ezequiel pone un fuerte empeño en atender aquello que no está o que se fue, aquello que tanto ocupa las mentes y los sentimientos de lxs flamencxs: el recuerdo, la memoria, el sueño.

El artista jerezano muestra su recital llamado Lo que nadie ve en el Teatro Alameda dentro de la programación de la XXIV Bienal de Sevilla.

Su forma de cantar, entregada y comprometida con el flamenco, siendo una figura no solo en su ortodoxia sino en la creación de letras. Letras que parten de la verdad del sentimiento, del que se extraen los caudales de sabiduría popular que tan acostumbrado nos tiene este arte. El jerezano mantiene el interés en seguir generando un flamenco muy ligado a la tierra, a su tierra, a Jerez, al barrio de Santiago, a su casa.

Conocimiento de las estructuras, de las formas, de los tiempos del cante. Escuchar a Ezequiel es asistir a una conferencia recitada de cante flamenco. En las formas que tiene de decir el cante nos recuerda a esas gestualidad que tan en el límite de lo humano se encuentran, del bebé y del anciano. Una forma de retraerse hacia sí mismo, llevando las manos casi temblorosas a la altura de su cara, temblándolas, temblándose. Recordándonos a Caracol, a esos quejíos en sus manos, su boca y su cara, concentradas en un vórtice de energía y luego expandidas, como se conoce en química: una expansión térmica. A su vez, Ezequiel tiene muy presente aquello que un día dijo el propio Caracol, su interés en hacer los cantes a media voz, que es como duelen, “El cante hay que hacerlo caricia honda, el pellizco chico”. 

En su actitud, el cantante jerezano muestra tranquilidad, una voluntad de cercanía con el público, dándole una luz tenue para vernos las caras, ya que como bien dijo el canta sus letras y le gusta verle la cara a quien le canta, para sentirse en reunión. Esta cualidad de cantar sus letras le da un plus en lo interpretativo, en dedicar el cante con miradas y gestos, señalando, sonriendo, gesto severo cuando toca y abrazo al aire para regalar el amor. 

Paco León a la guitarra, con temple, escuchando y entendiendo cada momento a la perfección, nos regaló algunos momentos deliciosos, como en una falseta por seguiriya, donde la máxima del menos es más y del silencio que llena se hizo monumento.

A las palmas y compás en mesa los espléndidos Naim Real, Edu Gómez, Diego Montoya, Tate Núñez y Manuel Soler.  

Crónica: Manuel Cid Fernandez

Fotografía: Archivo fotográfico de La Bienal de Flamenco. Laura León

 

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