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Diego del Morao: «La guitarra para mí no es un medio para vivir, sino una razón de ser»

entrevista por Manuel Cid Fernández, periodista

Fotografía por Remedios Málvarez

 

En esta entrevista charlamos con uno de los máximos referentes de la guitarra flamenca. Un artista de peso, que ha sabido mantener la importancia de los grandes maestros del acompañamiento al cante.

Aunque solo tenga un álbum, (Orate. 2010) su carrera es una de las más prolíficas de su generación. Ha grabado con los más grandes: Enrique Morente, Miguel Poveda, Vicente Soto «Sordera», La Macanita, Duquende, Jesús Méndez, El Cigala, José Mercé o Niña Pastori, ahora mantiene con Israel Fernández una simbiosis que se vive con honestidad y calidad gitana excepcional.

Cimienta la figura de guitarrista como lo hizo su padre Moraito Chico, o Tomatito. Un guitarrista con personalidad, memoria y responsabilidad que sabiendo escuchar acompaña y se relaciona con el cantaor con la fineza y la delicadeza que se le puede pedir.  De Jerez de la Frontera al mundo, Diego del Morao.

 

Para empezar, estás preparando un disco con Israel Fernández, ¿cómo están siendo las sensaciones?

Bueno, la verdad es que ahora mismo toda mi energía la tiene él. Aunque yo he tocado en tres o cuatro temas en el disco —todavía no lo tengo ni claro—, prácticamente estoy produciendo con él, estoy a su lado y soy su escudero. Yo no sé trabajar de otra forma, ahora mismo tengo el enfoque puesto ahí. Una vez que termine con Israel, empezaré con lo mío, pero ahora estamos pico y pala. Como él está tan en el punto de mira, le estamos echando mucho cariño y ya lo tenemos casi listo.

¿Piensas que el cante es la matriz, la piedra fundamental del flamenco?

Sí, por supuesto, yo creo que sí. El cante es la piedra angular y fundamental del flamenco, definitivamente. Pero la guitarra quizás tiene una facilidad para llegar a públicos más extensos. Con el cante, si vas al extranjero, está el hándicap del idioma, y aunque el flamenco te atrapa, a veces es poco a poco porque la primera impresión puede ser dura. La guitarra, en cambio, es más accesible o más fácil de asimilar para el oído de alguien ajeno a nuestra cultura, aunque no haya escuchado flamenco antes.

El otro día leí una cita de tu tío abuelo, Manuel Morao, sobre la relación entre el guitarrista y el cantaor que me gustó mucho. Decía: «Llaman a tu puerta, a tu guitarra. Abres y te encuentras con alguien que con su voz responde y coincide en sensibilidad, en sentimiento, incluso en afectividad contigo. Entonces ya no existen dos personas distintas, sino que se genera un sistema de afinidades donde brota el arte común.» ¿Qué opinas de esto?

Estoy muy de acuerdo. Parece que tú no eres el artista, pero es una simbiosis. Cuando acompañas a un artista tienes que estar al servicio del cantaor, pero eso no significa que haya que restarle importancia a lo que hace el guitarrista, a cómo engrandece el cante. Desgraciadamente, a veces los focos van dirigidos solo al cantaor, pero el cantaor sabe perfectamente que es una simbiosis y que el guitarrista de acompañamiento tiene una labor muy importante en lo que se genera en el escenario.

 

Pensando en el pasado, en esas épocas doradas, en la pérdida de la pureza, en esa mirada nostálgica, que muchos mencionan ¿Cómo te relacionas tú con el pasado y cuál es tu discurso respecto al presente y al futuro?

Yo creo que ahí está el equilibrio y la personalidad que le quieras imprimir a tu arte: ser consciente del legado y que las cosas huelan a lo que tienen que oler. La evolución tiene que ser progresiva, poco a poco, pero el músico siempre debe tener inquietud para no estancarse. Yo no lo llamaría melancolía o nostalgia, sino responsabilidad. Hay que tratar el pasado con responsabilidad. En el momento en que dejas de tener imaginación, apaga y vámonos.

Nosotros no somos como los guitarristas clásicos, que pueden vivir de la interpretación. Nosotros, al acompañar un cante clásico, podemos acordarnos de las falsetas clásicas. Yo personalmente soy partidario de intentar que huela a clásico, aunque también he hecho cosas que se salen un poco. Pero siempre lo hago con responsabilidad, sabiendo que hay un legado bonito que se tiene que tratar como un tesoro.

 

Fotografia de Remedios Málvarez

 

El filósofo francés Didi Huberman habla de esa responsabilidad como un «deseo equipado», que transforma la experiencia con lo adquirido del pasado, inventando un futuro a través del presente. Eso conlleva un riesgo, un aventurarse ¿Cuál dirías que es ese riesgo para ti como guitarrista flamenco?

Eso es muy personal. Como decía Cañizares, hay que ser conscientes de la dificultad de la guitarra; vivir con ella y para ella es una decisión personal y tú sabrás hasta dónde quieres llegar. Yo aprendí mucho del maestro Isidro Muñoz (Isidro Sanlúcar). Grabar con él desde que yo tenía 19 años me dio la oportunidad de estar con las primeras figuras siendo muy joven y de cargarme de responsabilidad. Cuando yo era joven, era un poco despreocupado y anárquico, y él me decía: «Luego te vas a arrepentir cuando seas mayor, porque nunca vas a saber a dónde pudiste llegar por no dedicarle el tiempo que requiere.»

La guitarra no tiene atajos. Comparto también lo que decía el maestro de: «¿Qué prefieres, deslumbrar o conmover?», y yo decía: «No, conmover siempre». Hay gente que se va a morir peleándose con la guitarra, y otra que no quiere entrar en esa lucha, aunque duele igual. Duele igual saber que no le estás dedicando todo el tiempo y que no estás sacando todo tu potencial, que llevarte diez horas en una habitación matándote con ella.

¿Cuál es tu relación actual con la guitarra, Diego?

Ahora que ya tengo una edad, me estoy dando cuenta de que realmente soy guitarrista y de que lo que me hace feliz es tener la guitarra en la mano y echarle horas. Cuando eres joven, confundes la felicidad con estar en paz contigo mismo o con querer vivirlo todo porque se te va la vida. Pero ahora entiendo que la guitarra es lo que más me llena en el mundo.

Muchos artistas reflexionan sobre el proceso creativo como parte de la experiencia, más que vivir ligados al resultado. Para un guitarrista flamenco, ¿cuánto importa el camino hasta llegar al resultado?

Yo creo que es un hábito. Hay gente que lo disfruta como una droga. Yo me meto en el saco de los que no son tan disciplinados, pero igualmente sufro y le dedico el alma a la guitarra. Pegarte diez horas en el cuarto antes de un concierto es una seña de honestidad y respeto al público. Yo a lo mejor no me pego esas diez horas, pero siento un peso y una responsabilidad enorme en mi cabeza y en mi alma; soy muy consciente de lo que quiero ofrecer.

Los guitarristas disciplinados disfrutan de esa rutina como una manera de vivir. Los que no somos tan disciplinados también lo pasamos muy mal, pero la responsabilidad y la energía que dejamos ahí son equiparables. En esa diferencia de conceptos radica la grandeza de los artistas, en que cada uno tenga su manera de entender su arte.

¿Cómo haces para conectar con tu fragilidad y sensibilidad a la hora de concentrarte en la creación de un trabajo tuyo?

Yo creo bajo presión, como los diamantes. Ahora mismo, como el Isra me pide que le saque partes, me meto en el estudio, y con esfuerzo lo hago y voy grabando. Por eso, cuando termine el disco de Israel, me enfocaré en el mío. Ya le he dicho que tocaré en este disco suyo, pero que no grabaré en ningún otro disco más hasta que no saque el mío. Lo tengo clarísimo. Tengo que empezar a decir que no a algunos compromisos para poder dejar otro disquito mío. No voy a ser un guitarrista muy prolífico, pero este disco lo tengo que hacer.

Para terminar, me gusta recordar una letra de Enrique Morente en su álbum “Despegando”: «No canto para que me escucharan, ni porque mi voz sea buena; yo canto para que se me vayan las fatiguillas y las penas.» Diego, ¿tú para qué tocas la guitarra?

Uf. Durante muchos años de mi vida la guitarra ha sido un medio para vivir, pero de unos años para acá me estoy dando cuenta de que es al contrario: no es un medio para vivir, sino mi razón de ser. Yo no puedo separarme de la guitarra, no sé ser otra persona que no sea Diego del Morao. Me he llevado mucho tiempo en piloto automático, abusando un poco de mi don y usándola para vivir, pero ahora me doy cuenta de que he venido aquí para tocar la guitarra.

 

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