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Por la A, alegrías

Como dicta el Instituto Andaluz de Flamenco Cante con copla de cuatro versos octosílabos que pertenece al grupo de las cantiñas. Nació como cante bailable y está formado por una sucesión de coplas entre las que se suelen intercalar los llamados juguetillos. Es un estilo eminentemente gaditano aunque se localiza una versión muy peculiar en Córdoba Está emparentado con la antigua jota de Cádiz El baile es de difícil ejecución y se caracteriza por tener unas escobillas muy remarcadas y una parte sosegada llamada «silencio» En él se vocaliza el tradicional «tirititrán», que según Chano Lobato fue inventado por Ignacio Espeleta durante una fiesta en la que se le olvidaron las letras Como grandes intérpretes de este género la historia ha dejado a Aurelio Sellés, Pericón de Cádiz, Fosforito, la Perla o Camarón.

 

 De Aragón a Cádiz,  de Navarra soy señora, 

los titirimundi y las bombas de los fanfarrones. 

 

Las alegrías, alegres melodías que en la tacita de plata se dieron a conocer, se desarrollaron y se endulzaron de su sal milenaria. ¿Cuál es su origen? ¿Quién las inventó? ¿Quién ha sido su mejor intérprete?

Preguntas y preguntas y más preguntas, esto del flamenco no deja de llenarnos la sesera de infinitas preguntas, muchas de ellas sin respuesta, o si la tienen a veces están llenas de fantasías y divertidos duendes.

Palo proveniente de unas cantiñas llamadas la Rosa, de la llamada jota gaditana con compás de soleá aunque con un ritmo más acelerado. Teodoro Guerrero, apodado “el Quiqui” ya comenzó a darlas a conocer y a cantarlas que daba gusto oírle. Pero el artifice de lo que hoy día escuchamos fue el grandísimo Enrique “el Mellizo” En su tiempo, como vemos en esta noticia de 1867 le llamaban “El Juguete”. Se puede leer en el penúltimo párrafo: “En el que se bailará por todo el cuerpo coreográfico, el jarabe, el zapateado y la soledad, cantándose por Teodoro Guerrero, conocido por el Quiqui, acompañado a la guitarra por el maestro Juan Trujillo, cantares alusivos al género del juguete”.

Cartel antiguo del Teatro del Balón de Cádiz de 1867 con referencia al juguete flamenco y al baile.
Teatro del Balón anuncia una función para el lunes 17 de junio de 1867

 

¿Fue como decía Pericón que el flamenco llegó en barco, en unos manuscritos?

Podemos conjeturar o incluso asegurar sobre la enorme influencia de la jota aragonesa en este palo flamenco, de la importancia que tuvo la guerra de la independencia, la Constitución de la Pepa, la llegada de navarros y aragoneses a Cádiz a defender al estado español de la invasión napoleónica.  Las alegrías, un palo lleno de gracia, de sentido del humor, de ironía, propio del pueblo gaditano. Ese llenar de risa y arte las fatiguitas de la vida. Recordamos esa letra que tan bien retrata ese sentir: 

“de las bombas que tiran los fanfarrones

se hacen las gaditanas tirabuzones”

Tonalidad

Las alegrías gaditanas, al igual que la jota, se desarrollan en tonalidad mayor, lo que las diferencia de géneros como las soleares y las bulerías. Esta característica tonal es compartida por el conjunto de las cantiñas, aunque existen algunas variantes, como los caracoles o las cantiñas de Córdoba, que incorporan giros hacia sonoridades modales y menores.

Compás

El compás de la cantiña sigue el mismo esquema métrico que el de la soleá, aunque se interpreta con un tempo más ligero y dinámico, situándose musicalmente entre la soleá y la bulería. Las alegrías, en particular, han experimentado una evolución en su velocidad: tradicionalmente se interpretaban de forma más pausada, pero progresivamente fueron adquiriendo mayor vivacidad. Es precisamente este carácter rítmico, más ágil y desenfadado, el que aporta a las alegrías su gracia y personalidad.

Por tanto, el marcaje del compás mantiene la estructura básica de la soleá, tanto en su recuento tradicional como en el musical:

Recuento tradicional:\

1 2 3 4 5 / 6 7 8 9 10 1 / 2 1 2 3

Recuento musical:\

1 2 3 4 5 6 / 7 8 9 10 11 12 / 1 2 3 4

El «tirititrán»: una seña de identidad

Una de las pistas más reconocibles para identificar las alegrías es el característico «tirititrán, tran, tran» con el que suele arrancar el cante. Esta introducción funciona como una seña distintiva: cuando aparece, lo habitual es que el cantaor vaya a interpretar unas alegrías, mientras que en otros estilos de cantiñas, como los mirabrás o los caracoles, suele prescindirse de ella.

Otro rasgo que permite reconocerlas es su semejanza melódica con la jota aragonesa, cuyo carácter se transforma al pasar al lenguaje flamenco. Aunque las alegrías no responden a una estructura formal cerrada, es frecuente que el cante encadene varias coplas y juguetillos. El cierre suele llegar con una copla de tesitura más aguda, seguida de un juguetillo final que acentúa el carácter rítmico y festivo del género.

¿Unas alegrias bailadas?

El baile por alegrías es una de las formas más representativas del baile tradicional. Su desarrollo fue dando forma a un lenguaje coreográfico propio, en el que se combinan elegancia, ritmo y expresividad. La estructura habitual alterna distintos momentos: la salida, las llamadas, los desplantes y las letras, hasta llegar a la escobilla, donde el zapateado adquiere protagonismo. También puede incluir un silencio, un pasaje de mayor contención musical que ofrece otro registro expresivo al baile.

Para acercarnos a esta tradición, recuperamos una interpretación de Carmen Amaya por alegrías

Para escuchar las alegrías en la voz de una de sus grandes intérpretes, recuperamos este capítulo de Rito y Geografía del Cante, dedicado a La Perla de Cádiz, donde el compás, el cante y la esencia gaditana se manifiestan en toda su hondura:

https://www.youtube.com/watch?v=1bVnjwR85us

 

 

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