María Marín es una artista utrerana cuya carrera musical empezó por la guitarra clásica y ha ido evolucionando hasta quien es hoy día. Ha acompañado tanto a la guitarra como al cante a artistas de diversa índole y gran prestigio. Este año, nos presenta en la Bienal su último trabajo en solitario: Las Tres Marías. Una obra íntima y cálida, con interesantes referencias y versiones que harán las delicias de quien lo escuche.
Entre la guitarra clásica, el flamenco y la canción de autor, María Marín presenta Las Tres Marías, un disco atravesado por sus raíces en Utrera y por la necesidad de seguir explorando.
Lo primero, enhorabuena por estar en la Bienal, presentando Las Tres Marías. Tiene que ser todo un honor. ¿Qué significa para ti llegar a este escenario con este proyecto, en concreto?
Es muy ilusionante. Esta es la primera vez que presento algo propio en solitario. Ya había pisado la Bienal por primera vez con la artista jerezana, Leonor Leal, en su espectáculo Loxa, hace unos años. Más tarde estuve con Pastora Galván, en Sinda, y la última vez que estuve en la Bienal fue junto a Israel Galván, que ahí me estrené en el Maestranza, cantando y tocando también. Revisamos el Carmen de Bisset. Esta, sin embargo, sí será la primera vez que traigo una propuesta propia. Estoy en solitario y me enfrento a ello en mi ciudad, en Sevilla. La verdad es que lo enfrento con mucha ilusión y con cierta seguridad. Quiero defender esa propuesta con valentía, creo mucho en mi proyecto, en este álbum nuevo. Tengo muchísimas ganas y mucha ilusión de estar en el que para mí es el festival más grande de flamenco en España.
El título es muy sugerente y simbólico. Teniendo en cuenta tu formación clásica, la evolución, ¿quiénes son esas Tres Marías?
Hay ahí un sentido, ¿no? En cuanto a lo litúrgico o incluso esta letra, de la soleá de Alcalá que dice “las Tres Marías subieron al castillito de Alcalá”. Realmente, son las tres Marías en las que yo me muevo: esa faceta como guitarrista e intérprete clásica, esa cantaora de flamenco que sugiero en mi melodía y desde otros registros, con espectáculos de flamenco tradicional, por ejemplo, La Edad Oro junto a Israel Galván. Luego esta faceta cantautora donde exploro moviéndome con esos hilos, pero serían esas tres facetas: la flamenca, la clásica y un poco la contemporánea, que es donde yo me abro más hacia el mundo de la composición, siendo en este disco incluso más cantautora.
Hablando del proceso creativo, ¿cómo ha sido?
Pues un proceso largo, hasta que uno graba un disco, lo saca y empieza a tocarlo en directo. De hecho, para la Bienal de Flamenco de Sevilla he incorporado temas que no había tocado nunca y estas ideas están en mi cabeza desde la pandemia. Tú tienes una idea y tarda en salir tiempo. Es cierto que en esta última etapa de mi vida me han acompañado figuras como Israel Galván, he tenido muy cerca a Pedro G. Romero, que es un gran investigador que me ha aportado muchas ideas para este proyecto en su inicio. Todo eso ha fraguado también el proceso de Las Tres Marías.
Ha sido proceso de momentos creativos, porque a veces hay que preparar un espectáculo con danza para estrenarlo, momentos de composición en solitario, vivencias mías personales… y luego cosas también de última hora, que dices, me falta una canción para el disco y la haces en pocos días y sale. Por ahí navego.
¿Has tenido algún punto de inflexión en este proceso que te haya marcado irremediablemente?
Sí, claro, he tenido varios. Uno, sin lugar a dudas, la aportación de Israel Galván, porque es un artista muy creativo que lleva tiempo creyendo en lo que hago y que es una persona, lo he dicho en más de una entrevista, que tiene la capacidad también de decirte lo que se te da bien. Y él me ha abierto ventanas y me ha dicho sí. Hay una nana en el disco que es Lullaby de Tom Waits. Pues fue Israel el que me lo propuso y me hizo cantarla en inglés. Yo luego quise hacerle una adaptación al español.
Otras cosas que a nivel personal me han marcado, que ha sido mi vuelta a España tras 14 años viviendo en los Países Bajos. Soy de Utrera, y esa vuelta conlleva encontrarte con muchos sentimientos y reflexiones. Ha habido también un cambio a nivel personal muy fuerte de vuelta a mi pueblo, que también se ve reflejado en el disco y que de alguna forma hace que yo recuerde cómo eran las cosas en el pasado, lo que cambia, lo que no y esa relación.
¿Cómo vives el salir de de Utrera, buscando algo nuevo en Países Bajos llevando a tu pueblo como carta de presentación?
Cuando alguien sale con la tradición que tenemos ahí, sobre todo del cante, pero también del toque, del baile… Jamás he pretendido poner por bandera que yo era una cantaora, de hecho, yo salí siendo guitarrista clásica. Pero sí he defendido, y seguiré defendiendo hasta que me muera, que yo soy de ahí. Eso me ha enriquecido y siempre he presumido en ese sentido, he estudiado el cante e intentado poner en valor de dónde venía y lo que a mí me gustaba. Lo que pasa es que yo tengo otro camino, como artista. Me he formado en guitarra clásica, al final mi sonido tiene que ser diferente e intentar que no se parezca tampoco, pero he bebido mucho de eso.
En su día necesité irme, y a día de hoy vivo en Utrera. Hay algo ahí a lo que estoy amarrada de por vida, pero necesito seguir explorando y saliendo, porque el pueblo no puede ser lo único. Y como resultado este disco, que creo que es muy materno, que intenta explorar sonidos que se parecen a una nana, es nostálgico y eso creo que también define el cariño que tengo por mi pueblo.
Ahora mismo perteneces a esta nueva ola de artistas, y tú además tienes el añadido, dada su complejidad, de tocar y cantar a la vez. ¿Hay alguna compañera que te inspire? ¿Crees que hacen falta más referencias en esta disciplina?
Pues es difícil nombrar a una sola. Ahora mismo hay muchas mujeres en el flamenco, que, aunque no sean guitarristas y cantaoras, llevan tiempo marcando un camino. No te hablo solo de las que son conocidas, porque ahora mismo tenemos afortunadamente un amplio abanico: Ángeles Toledano, María Terremoto, Tremendita, Rocío Márquez por nombrar algunas. Yo no he tenido tantas referencias femeninas como guitarristas y cantantes. Cuento mi verdad, no pretendo nunca defender esto es más o menos flamenco, soy algo que se ha fundido entre la música clásica y mis raíces en Utrera, y eso está ahí, y eso me gustaría que fuera vitamina para toda la que venga detrás, para que las mujeres no tengan ese conflicto como me pasó a mí. Si a alguien le sirve esto, pues… que lo use, por favor.
En tu bagaje y en tu disco nos encontramos varias influencias, como hemos estado hablando, una parte más pop, incluso más callejera, flamenco más primitivo, lo clásico, ¿qué lugar ocupa cada influencia?
Mi padre, cuando era pequeña, recuerdo que teníamos cintas de casete, antiguas, y por una cara sonaba Juana la del Revuelo, pero de pronto por la otra cara sonaba La Guardia, o Gabinete Caligari, muchos discos de Los Beatles, de Bob Dylan, etc. No es que me influencien como tal, pero es imposible desconectarme de eso, está ahí.
Inevitablemente, en mi casa se ha escuchado mucho flamenco, desde siempre, sobre todo a los cantaores de Utrera. Yo empecé a estudiar el cante más tarde porque me di cuenta que ellos habían bebido también de cosas más antiguas. Son sonidos que llevan en mí desde muy pequeña, la música ha sido muy natural en mi casa, y mi madre también canta muy bonito la música popular. Mis hermanas han estudiado música, una estudió piano clásico, la otra clarinete; todos esos sonidos han estado siempre ahí. La verdad es que mis padres hicieron un gran esfuerzo, vieron desde muy pronto que la música era una cosa, era una profesión, y que era importante que nosotras acudiéramos a un conservatorio, porque en el barrio estaban las cosas difíciles. Entonces no era fácil, éramos tres niñas de edades parecidas y ese ambiente también nos benefició mucho, así que apostaron por ello.
Para terminar, recordando a Enrique Morente, que decía que él cantaba para que se le fueran las fatiguitas y las penas, ¿para qué canta y toca María Marín?
Pues es que la música es el idioma universal. Pero yo totalmente lo hago para curarme. Para mí es una cura de verdad de lo que en algún momento no he podido recuperarme, de lo que tengo que soltar, de lo que tengo que seguir recordando que quiero. De todas formas estoy intentando últimamente que mi composición vaya más hacia un lugar de la alegría, y que sean también cosas que me alegran, no que me llevan solamente a la nostalgia. Aunque es verdad que todavía sigue habiendo una pena por ahí abajo. Creo que eso que me pasa, es justamente el sentimiento que tengo con el flamenco, que es lo más profundo, y bueno, de momento no se me ha quitado, así que, es como una terapia.
Entrevista y fotografias por Antonio Martínez Aparicio






