Muerta de Amor es un espectáculo en el que el coreógrafo y bailaor Manuel Liñán explora su forma de sentir la vida, el amor y el desamor a través de los códigos de la copla y el bolero, manteniendo una fuerte carga flamenca.
En el marco de Flamenco on Fire, Manuel Liñán aparecía junto a su elenco en el auditorio Baluarte, con las 1.500 butacas vendidas.
Las dos horas de actuación se suceden dentro de lo que parece una habitación, dos amplias y altas paredes rosas y una gran puerta en el lateral generan una sensación íntima y compartida, el cuerpo de baile formará parte de un mismo cuerpo sintiente en muchos momentos de la noche.
Los bailaores: Juan Tomás de la Molía, Miguel Ángel Heredia, José Ángel Capel, David Acero, Ángel Reyes y José Maldonado, luego de hacer ejecuciones excepcionales, cantan. Lo hacen tanto individualmente como colectivamente, bailan y cantan y cantan y bailan, celebran y padecen, se dan la mano y se recogen, y se aman, sobre todo se aman
En este espectáculo se trabajan varios conceptos de liberación, uno de ellos es el que la periodista euskalduna Itziar Ziga bautizó como pantojismo, en su libro Un zulo propio, y lo define como “el intento de sacar un provecho estético y político de tanto arrebato drama queen”. Una herramienta sanadora, en muchas ocasiones, utilizada en forma de honor y memoria para aquellas mujeres y maricas, que atravesadas por las condiciones materiales del machismo vivían rodeadas del despecho, el engaño, el olvido y la soledad. “Nos interesa escarbar en nuestras miserias de culebrón con ironía, y dejar de presuponer que, porque somos licenciadas, feministas y (en este caso bailaores), hemos dejado de perder la compostura cuando las cosas no salen como habíamos deseado”, dice en el capítulo Jugando con nuestra hembra latina.
Liñán se hace eco de este concepto para trabajar de manera íntima, política, literal e incluso irónica su propuesta estética. Un cuerpo de baile, cada uno vestido de una forma: uno con pantalón de torero y chaquetilla, sin camisa; otro con volantes en las mangas y transparencias; otro en traje de chaqueta; otro con una gabardina de cuero; y Liñan con una camiseta con sisas y una falda pantalón. Cada uno vive su momento drama queen con Liñán y con una espléndida Mara Rey que hace de coplera viva, sufrida, que se permite todo tipo de acciones que se considerarían excesivas, en las normalidades burguesas que estamos acostumbrados, pero que en este espectáculo forman parte del hacer de la propia obra.
Aquí se viven momentos excepcionales: Mara cantando coplas mientras persigue a uno de los bailaores completamente desquiciada, arrebatada por el dolor del desamor; Mara perdiendo las composturas y las costuras, arrastrándose entre el llanto y la emoción; Mara perdiendo aquello que en el caso de Martirio y su peineta llamaba “una extensión de su columna vertebral”, y que en el caso de Mara es el moño, y el pelo le cae ante el dolor de su canto, y dos de los bailaores la recogen poniéndole las manos en los hombros, recogiendo su pena, acompañándola en su sufrimiento, ¡qué momento!, ¿cuántas veces no hemos sentido empatía al ver a esa coplera de turno, cantar con el alma, acabar derrotada y querer recogerla con una caricia, un abrazo, una muestra de que no está sola, de que puede apoyarse en una mano amiga?
Muerta de amor se siente con cariño, fuerza y libertad. Se siente la enorme alegría que tiene que ser para Liñan hacer un espectáculo así, recordando sus deseos de infancia, de ser un otro, de ser él mismo, y lo hace desde las formas flamencas, su cuerpo y el de su cuerpo de baile, acompañado al cante por Juan de la María, a la guitarra por Francisco Vinuesa, a la percusión por Javier Teruel y en la instrumentación por Víctor Guadiana no para de sonar flamenco. No se siente la diferenciación que a veces nos preocupamos por hacer entre flamenco y otras muestras del folklore pop andaluz y nacional, aquí se vive como un todo que funciona y que hace traspasar las fronteras del ole.
El público agradeció el arrojo, la potencia y la calidad con sus 7 minutos de aplausos que supieron a gloria a este grupo de amantes.












