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Demófilo

Demófilo

CANTES FLAMENCOS DE Antonio Machado Álvarez, «Demófilo»

Antonio Machado Álvarez, «Demófilo» (Santiago de Compostela, 1848-Sevilla, 1893), escritor, antropólogo y folclorista español de la Generación del 68. Padre de los poetas Antonio y Manuel Machado, fue uno de los principales intelectuales de la segunda mitad del siglo XIX en Andalucía y el máximo exponente del estudio científico del flamenco. Su Colección de cantes flamencos, impresa por vez primera en Sevilla en 1881, supone un hito en la historia del estudio del cante, siendo la primera aproximación rigurosamente antropológica a la materia. La segunda edición, impresa en 1887 con el título de Cantes flamencos, será un acercamiento menos técnico y más popular a esta obra estrictamente flamenca, a la primera antología de esta expresión poética.

La obra trata el origen de los diferentes cantes, recopilando letras de soleares de tres y cuatro versos, seguiriyas gitanas, polos, cañas, martinetes, tonás, livianas, deblas y peteneras. Demófilo fue asesorado durante el desarrollo de éste, su trabajo más conocido, por los celebérrimos cantaores Juanelo de Jerez y Franconetti. La obra de Machado es la base sobre la que se construye buena parte de la bibliografía flamenca y una fuente imprescindible de estudio.

Cantes Flamencos”

Transcribimos parte del Prólogo y una serie de soleares tal y como las reogiera el gran Demófilo.
Completamente ajeno a todo propósito folklórico y mira científica, este libro ofrece una gallarda muestra de las condiciones artísticas del gran poeta anónimo.

….

“Pero ¿quién es el autor de estas preciosas coplas, que es lo que interesa?

“El autor de estas coplas es Don X., a quien, para no pasar plaza de ignorantes, hemos convenido en llamar «Pueblo», como pudiéramos haberle puesto, por ejemplo, «Perico el de los Palotes». Mas Perico el de los Palotes, me objetaréis, no puede haber compuesto tantísima copla; la vida de un hombre no alcanza para tanto.

… Al decir autor, no quiero decir precisamente autor, sino autores, porque, como habréis sagazmente adivinado, todas las coplas de esta colección no son hijas de un mismo padre, sino de muchos, a los cuales, para satisfacer vuestro tenaz y, en mi opinión, un si es no es pueril empeño de darles un nombre…

“Tienen estos autores por profesión la de vivir: viven en su casa y de lo que comen, como cualquiera; y en punto al alma, la tienen en su «almario», ni más ni menos que el más encopetado y, a falta de laurel, emperejilado vate.

… Entre estos autores, anónimos en fuerza de llamarse como se llama todo el mundo, hay autores y autoras, y toman parte ciertamente no menos Menganitas que Fulanitos, esto es, «hombrecillos», que «personas imaginarias», si son exactas las etimologías alemana y arábiga que a las palabras «Fulano» y «Mengano» atribuye la última edición del «Diccionario de la Lengua».

… Las coplas populares no están hechas para «venderse», ni aun para «escribirse»; por lo tanto, es imposible juzgarlas bien no oyéndolas cantar, toda vez que no sólo la música, sino el tono emocional, les da una significación, una expresión y un alcance que meramente escritas no pueden tener.

… El pueblo en sus Coplas jamás finge ni miente (exagerar no es mentir, porque es una modalidad de la fantasía).

Por eso no vacila en decir:

Tu mare forforiyera,

y tu pare esquilaperros,

¡vaya una gente fulera!

El pueblo es ingenuo como el niño, que, sin conocer las convenciones sociales, pide el objeto que ve y se le antoja, y llama fastidiosa a la persona que se lo parece, muy a despecho de los finísimos y atribulados padres que, sin meterse a distinguir de edades, quieren tragarse con la vista al angelito al ver que no miente todavía con el aplomo que ellos.

La intensidad con que los hombres del pueblo sienten el reducido número de afectos y de ideas con que hacen su vida, y el carácter, aunque empírico, verdaderamente real y no abstracto, de sus escasos conocimientos, da a sus producciones un vigor extraordinario y gran propiedad sobriedad a los términos de ellas.

… Poseen también las coplas populares, cuyas notas distintivas no cabe enumerar aquí una condición de gran precio, a saber: que el molde de ellas es tan amplio, vago e indeterminado, que basta la más leve modificación de un relativo, de un tiempo, de un nombre, de un artículo, muchas veces de una sola letra, para hacerlas adaptables a los casos y cosas más diferentes, habiendo algunas de tan natural y al mismo tiempo delicado artificio, quye pueden pasar a expresar, con breves modificaciones, los más contrarios afectos y situaciones del ánimo.

… Pues bien: esta indeterminación de las coplas populares, y el prestarse, por tanto, a diversos comentarios, lejos de ser un defecto de tales producciones, es una condición que las abrillanta, y los poetas eruditos, en mi opinión, no perderían el tiempo en estudiarlas como gérmenes de poesías más complejas, si la misión del poeta culto es, como creo, no la de censurar, ni aun la de imitar, sino la de enaltecer las producciones de la muchedumbre.

… y que, si los poetas eruditos hacen coplas «completamente iguales» a las del pueblo, esto sólo puede indicar que también ellos son «del pueblo», sin otra diferencia que la de la cola o el apellido.

Por lo demás, muchas de las coplas que tenéis a la vista, no se han elegido tanto por sus condiciones de belleza como por su carácter «flamenco», cualidad tan difícil de definir como fácil de apreciar por los inteligentes que comprenden todo el alcance del estribillo de la copla de «Panaeros», que dice:

Pa tené grasia

sa menesté reuní

muchas sircunstansias;

circunstancia que, por desdicha, no reúne el prologuista de esta colección, destinada sólo a proporcionar un buen rato a los aficionados al género, y, cuando más, un motivo de pensamiento a los aficionados al estudio de la Literatura popular, hoy tan en boga en todos los pueblos cultos.”

ANTONIO MACHADO Y ÁLVAREZ

SOLEARES

Er queré quita er sentío:

lo igo por esperiensia,

porque a mí ma suseío.

 

Anda y no presumas tanto,

que otras mejores que tú

se quean pa bestí santos.
Dises que me quieres mucho;

puesto que tanto me quieres,

no me des tantos disgustos.
Cuando ebajito er puente

acuérdate que esías:

«Espera, que biene gente.»

 

A los árboles blandeo,

a un toro brabo lo amanso,

y a ti, flamenca, no pueo.

 

¡Ay, probe corasón mío!

Por más gorpes que resibe

nunca se da por bensío.

 

Chiquiyo, no me la mientes;

que como la quiero tanto,

fatigas me dan de muerte.

 

Anda que te den un tiro,

que te jases mu persona

y a la cara no te miro.
Por dinero no lo jagas;

yébame a una jerrería

y échame un jierro en la cara.
No bayas a la Vitoria,

no sarga un santo y te quite

mi queré e la memoria.
Esa flamenquiya perra

me tiene comprometío,

que quiere que yo la quiera.

 

Der sielo vengan fatigas;

yo por la caye no yoro,

porque la gente no diga.

 

Chiquiya, bente conmigo,

que no te fartará náa…

para andar encueros bibos.
Dises que no me puées be:

la cara t’amariyea

de la fuersa der queré.

 

Quiéreme como te quiero;

luego me berás morí

como Cristo en er maero.

 

Abujitas y arfileres

le clabaran a mi nobia

cuando la yamo y no biene.
A mí se me da mu poco

que er pájaro en la lamea

se múe de un árbo a otro.

 

Deja que la gente diga;

en queriéndonos los dos,

pase la gente fatiga.

 

¿Amariya y con ojeras?…

No le preguntes qué tiene;

que está queriendo e beras.

 

Cuando yo me esté muriendo,

arrímate tú a mi cama,

que siempre t’estoy queriendo.
A serbir al rey me boy,

y er biento que da en tu puerta

son los suspiros que doy.
Bien sabes que te he querío,

pero me ha dicho mi mare

que bergüensa no he tenío.
Buenos consejos te di,

no los quisiste tomá,

quéjate a tu mar bibí.

 

Arrímate a mi queré,

como las salamanquesas

s’arriman a la paré.

 

Anda y que te den un tiro…

con pórbora e mis ojos

y balas e mis suspiros.

 

Cuando te bi en la cama,

a mi corasón de ducas

se le cayeron las alas.

 

Anda y no presumas más:

Si t’has e tirá ar poso,

¿pa qué miras er brocá?

 

Corre a la ilesia y confiesa:

que tú tiene en este mundo

mir cositas malas jechas.
Compañera, si me muero,

la casiya e los locos

ha e sé tu paraero.

 

Cuando por la caye bas,

tienes carita e santo

y partías e charrán.
Con er jaleo y el ole,

las muchachas de hoy en día

se lo isen a los hombres.

 

Anda a un rico que te dé;

y si el rico no te da,

ben acá, yo te daré.
De pena me estoy muriendo,

al ber que en el mundo bibes

y ya para mí t’has muerto.

 

Chiquiya, ¡balientemente

dejaste tú mi queré

por er desí de la gente!

 

Cuando yo te quise a ti,

se cuajaron los rosales

e rosa e pitiminí.

 

Bien me lo esía mi mare:

Cabrita que tira ar monte

no hay cabrero que la guarde.

 

Anda vete a la lamea,

que e noche pasa tóo;

jasta la farsa monea.

 

¡A mí te quiés compará,

siendo de tóos los metales

y yo de un solo metá?…

 

¡Blanquita como la niebe!

¡Qué lástima de gachí,

que otro gachó se la yebe!,

 

Al hombre que está queriendo,

jasta e noche en la cama

er queré le quita er sueño.
Cuando más a gusto estaba,

m’apartaron e tu bera

por una persona mala.

 

Dises que soy mar gachó,

siendo yo más jitanillo

que las costillas e Dios.
Anda, que ya no te quiero;

que de tu bía y milagros

malos informes me dieron.

¿Dónde m’arrimaré yo,

si no hay un pecho er mundo

que quiera darme caló?

 

Chiquiya, tú eres mu loca:

eres como las campanas,

que toíto er mundo las toca.

 

De mi vera tú te fuiste,

y a las beinticuatro horitas

er daño reconociste.
Dios mío, ¿que será esto?

Sin frío ni calentura,

yo me estoy cayendo muerto.

 

Cuando más yo te quería,

me presisó el orbiarte,

porque si no me moría.

 

Disen que no bales ná;

cuando a mi bera te tengo

bales tú un grande caudá.
De tu bera no m’aparto,

aunque a puñalás me maten

y me yeben entre cuatro.

…”

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