18 de agosto de 2019

El flamenco extremeño despega

El flamenco extremeño despega

 … Y lo hace sobrevolando prejuicios, por méritos propios, y sobreponiéndose hoy por hoy, al peso, sobre todo en los jóvenes, de la sombra alargada de los grandes cantaores de la época. Esos que pusieron, a la Extremadura flamenca, en el mapa. Porrina de Badajoz, Juan Cantero, ‘El Indio Gitano’, Enrique ‘El Extremeño’, ‘La Marelu’, Ramón ‘El Portugués’, Pérez de Guzmán y sus fandangos, Pepe el Molinero, EL Niño de Fregenal, Niño de Badajoz, Pepe ‘El Limpio’, Pepe Nieto el de Orellana, Luis El Chulito, Azuaga, Manzanito de Castuera,, Manolo, Pepe o Justo de Badajoz. Ellos fueron los que pulieron, para la historia del flamenco, el brillo propio de los cantes autóctonos de la tierra: los tangos y jaleos. Por Mª Isabel R. Palop. Periodista especializada en flamenco @palopflamenco. Foto Diego Gallardo

En Extremadura hablar de flamenco es hablar de la Plaza Alta de Badajoz. El antaño centro neurálgico del paso y trasiego de los gitanos, y hoy por hoy, el de miles de turistas, pacenses y enamorados de una región, en la que los tesoros (patrimoniales, culturales, o gastronómicos) están a simple vista. El cante no. Al cante ya hay que buscarlo en otros derroteros. Por eso, siempre he creído necesario que desde las instituciones públicas se debería incentivar, ayudar, y promocionar, tanto el cante, el toque o el baile flamenco en esas zonas de ocio de la Plaza Alta; en todos esos Gastrobares que rodean a la explanada de donde partió todo, y que se esfuerzan por hacer filigranas gastronómicas en sus menús, mientras que las mismas piedras que los sustentas y las gargantas de aquellos que lo rodean aguardan, con el color bronce de su arte, el momento de ser escuchados.

Si hoy viniera un Hemingway buscando el origen del flamenco extremeño, se encontraría un enclave rehabilitado y bien cuidado, pero sin resto alguno de quejío, ‘nacencia’ y arte. Ojalá ese escritor, romántico y enamorado de España y su cultura, aguantara en mi tierra, tras el ‘fiasco’, un poco más…, porque el flamenco extremeño está vivo. ¡Ahora más que nunca! Y gracias a los propios artistas, y a una pasión que tienen por su arte que no he visto en ningún otro lugar de este país. Jesús Ortega, primera figura del baile extremeño, me comentaba el otro día con motivo de la puesta de largo de la producción a cuatro ‘Flamenco Abierto’ (Jesús Ortega, baile; Manuel Pajares, cante; Juan Manuel Moreno, toque; Sergio García, percusión) que ‘los artistas estamos en constante crecimiento, por ese amor a nuestra tierra, Palop. Tu bien sabes que los extremeños siempre sentimos la necesidad de tirar de nuestra tierra adelante. De sacar la cara por ella’

Y la sacamos, y no nos la parten, porque esta región está bendecida por el arte.

En Extremadura les espera, el grito atávico de La Kaíta, el baile del Premio Internacional de El Peregrino, el pulgar de Los Vargas, la seriedad y el estudio de Simón García Bermejo ‘Niño de la Ribera’, la saga de los Cantero con el patriarca Eugenio a la cabeza…, y la savia nueva y valiente: el baile de Jesús Ortega, la espectacularidad de Miguel de Tena, la mágica y perfecta ejecución del toque de Javier Conde, el clasismo en el cante  de  Pedro Cintas. Y los Barqueros (Cándido e hijos y su hermano Prim)  y Dávilas de Quintana. La pureza de Celia Romero, la fuerza de Esther Merino, las composiciones de la guitarra de Juan Manuel Moreno, el tronío y el buen hacer de Manuel Pajares, la inocencia del cante de El Fefo, el arte, en todos los sentidos, de Alejandro Vega (el Tito Alejandro, aunque me da la impresión de que a las extremeñas, con esa gracia y esa sabiduría que desprende, nos ha tomado a todas por sobrinas…), la sensualidad de la emeritense Zaira Santos, la constancia de Francis Pinto, la hondura de Joaquín Muñino, las ganas de Rodrigo Fernández, la elegancia de las hermanas Cantero, el poderío del Cano de Berlanga, las seis razones de Perico de la Paula, o  didáctica y valentía de Francisco Zambrano y Marcelo Rodríguez Boceta.

Vengan a Extremadura, empápense del terruño de nuestro arte. Y sigan leyendo este Zoco de hondura de donde, en cada publicación, aprendemos un poco más de la pasión flamenca que nos mueve a compás por dentro. Sean y vivan flamencos.

 

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